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El régimen subsidiado parece diseñado
por alguien que hizo un PhD en Kafka University
Para
administrar el régimen subsidiado hay que tramitar
más de 20.000 contratos por año que luego
hay que liquidar, y si uno logra tramitarlos están
pendientes de liquidación los contratos de las últimas
5 vigencias; hay que hacer una reingeniería profunda
del subsidiado. Así se expresaba recientemente
un reconocido directivo gremial del sector salud, en un
foro en Medellín sobre el futuro del sistema de salud
colombiano.
Y en verdad es tal el grado de intrincamiento del régimen
subsidiado, que no es exagerado plantear que debería
cursarse una juiciosa Maestría para entenderlo, intentar
darle más funcionalidad y eficacia a su operación,
aprender a implementar ajustes y modificaciones en dicha
operación, e intentar enderezarlo.
En suma: el régimen subsidiado, uno de los componentes
más fundamentales del sistema de salud, su manejo
y operación, no es un tema fácil para ninguno
de los actores involucrados.
Por eso en buena hora, el Ministerio de la Protección
Social emprendió en 2008 una tarea de evaluación
del régimen subsidiado y este año presentó
los resultados técnicos de ese estudio al Consejo
Nacional de Seguridad Social en Salud; que estudió
las recomendaciones y las consignó y aprobó
en su último Acuerdo, en el cual propone unas medidas
para modificar y optimizar la operación del subsidiado,
mejorar el acceso de la población beneficiaria a
los servicios de salud e incrementar la eficacia de los
procesos y la oportunidad del flujo de recursos. Con correctivos
legales, administrativos, logísticos, se ensayará
una reforma a la operatividad del régimen subsidiado
en Colombia, entorpecido por diversas fallas que lo vuelven
irracional, ineficaz y casi inmanejable.
En el camino se arreglan las cargas, pero el
gobierno estaba en mora de proponer unos cambios como los
establecidos en el Acuerdo, cuando millones de colombianos
no tenían acceso al servicio de salud por inconsistencias
en bases de datos, por lentitud en el flujo de recursos
que lleva a las EPS e IPS a no autorizar o no prestar servicios
de salud a los usuarios, por desarticulación en las
funciones de los actores del sistema.
Y ante algunas de las medidas, cabe preguntarse: ¿Si
se dispone de un sistema integrado de información
en el cual se trabaja desde hace varios años y que
costó miles de millones de pesos, cómo es
posible que todavía no se soluciona el problema de
bases de datos de los afiliados y potenciales beneficiarios
del régimen subsidiado? ¿Por qué en
el sistema financiero por ejemplo, se tiene información
en tiempo real de los clientes y de sus transacciones? ¿Acaso
no se aprovechan todavía y adecuadamente las herramientas
que ofrecen las Tecnologías de Información
y Comunicación (TIC's) en el sistema de salud?
Debe reconocerse que el Acuerdo establece la centralización
de bases de datos, medida que puede ser efectiva si es bien
manejada. Hace varios años, desde EL PULSO se insiste
en la propuesta de Identificador único, pagador
único y con el Acuerdo se avanza en lo primero:
ahora el caso es hacer bien la tarea. E insistir en el pagador
único, como una estrategia sana dentro del sistema,
que resolvería muchísimos problemas.
Hay relativo consenso sobre la bondad de las normas propuestas,
como la facilitación de movilidad entre regímenes,
transformación de subsidios parciales, libertad de
elección, reorganización contractual, el permiso
a EPS-S para operar en todas las regiones del país,
el retiro a entes territoriales de la competencia para manejar
el régimen cuando se les demuestre ineficiencias,
la introducción en los contratos de indicadores de
resultados en salud, la posibilidad de afiliar las personas
en las IPS. Sin embargo, falta atender aspectos como el
flujo de caja entre Fosyga y los demás actores del
sistema.
El Acuerdo definitivo está pendiente de las decisiones
del gobierno después de evaluar las observaciones
que hizo al borrador de esa iniciativa el Ministerio de
Hacienda. Pero ya hecha la tarea de evaluación y
diagnóstico, resta entonces que los responsables
oficialicen por fin el Acuerdo y que se emprenda su reglamentación
e implementación para poner en marcha los cambios
propuestos, con cada actor cumpliendo su competencia, con
la firme esperanza de reorientar el arrevesado régimen
subsidiado.
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