MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 311 AGOSTO DEL AÑO 2024 ISNN 0124-4388
En agosto del 2004, Colombia a través del Decreto 2493 creó la Red de Donación y Trasplantes, cuya coordinación se dispuso a cargo del Instituto Nacional de Salud, única entidad que para ese entonces asumió y aceptó el reto. A la fecha, gracias a la coordinación técnica de instituciones privadas y públicas que conforman la red, el país tiene un acumulado total de 21 882 trasplantes, desde 2004 hasta junio de 2024, de los cuales 7 071 han sido donantes cadavéricos y 3 063, donantes vivos; de ese total, el 83,89 % ha beneficiado a pacientes en los estratos 1, 2 y 3. Los órganos más demandados son el corazón, el riñón y el hígado.
El proceso de trasplante requiere tanto al donante como al receptor, y en Colombia, más del 95 % de los órganos provienen de donantes fallecidos. Aunque el trasplante de donante vivo es posible, no es la opción predominante.
El país enfrenta una brecha considerable entre la demanda y la disponibilidad de órganos. La oposición de algunas familias y los mitos sobre el tráfico de órganos afectan la donación, aumentando la lista de espera. Juliana Buitrago Jaramillo, cirujana de trasplante en la Clínica Somer de Rionegro, informó que más de 4 000 personas están en espera de un órgano en Colombia, y cada dos días y medio muere una persona mientras espera. En 2023, 106 personas fallecieron en lista de espera.
En 2020, Colombia registró un récord de 251 muertes en lista de espera debido a la caída en la tasa de donación, que alcanzó un mínimo histórico de 4,4 donantes por millón de habitantes. Aunque en 2023 la tasa subió a 7,4 donantes por millón, sigue siendo insuficiente para satisfacer la demanda.
A pesar de una leve recuperación en 2021 y 2022, las tasas de donación permanecen por debajo de los niveles históricos. Muchas personas carecen de información adecuada o enfrentan barreras para inscribirse en las listas de espera, lo que agrava la situación.
Según el Instituto Nacional de Salud (INS), hasta el 31 de diciembre de 2023 se realizaron 1 394 trasplantes en Colombia, lo que representa un aumento del 17 % en comparación con 2019, cuando se realizaron 1 303 trasplantes. Aunque estas cifras son alentadoras, el INS también reveló que, para esa misma fecha, 4 002 personas seguían esperando un órgano para trasplante. De estas, 3 696 esperan un riñón; 176, un hígado; 60, un pulmón; 15, un corazón; dos un páncreas; y un intestino. Además, dos personas requieren un riñón y un corazón, siete necesitan un riñón y un hígado, y 43 están a la espera de un riñón y un páncreas.
El INS también destacó que el riñón sigue siendo el órgano con mayor demanda. En 2023, 993 colombianos recibieron un riñón, 99 un corazón, 293 un hígado, 36 un pulmón y una persona recibió un intestino. Además, tres pacientes fueron trasplantados con combinaciones de órganos como riñón-corazón, 14 con riñón-hígado y 15 con riñón-páncreas. El INS señaló que el aumento en el número de trasplantes en los últimos tres años (2021, 2022 y 2023) se debe en parte al incremento de donantes cadavéricos y vivos, lo que refleja una mayor comprensión por parte de la sociedad sobre los beneficios de la donación de órganos y tejidos.
En una entrevista, la doctora Angie Camila Guarín, del Hospital de Madrid en Cundinamarca, señaló que la baja tasa de donación de órganos en Colombia se debe principalmente a la desinformación. Explicó que existen conceptos erróneos sobre quiénes son aptos para donar, las situaciones en las que se puede realizar la donación y los prejuicios, especialmente los relacionados con creencias religiosas o el tráfico de órganos. Además, aclaró que, en la actualidad, no es necesario dejar un consentimiento previo para ser donante en caso de fallecimiento, a menos que la persona haya expresado explícitamente que no desea donar sus órganos antes de morir.
El Instituto Nacional de Salud ha lanzado campañas como #DéjaloConversado para fomentar el diálogo sobre la donación de órganos, pero enfrenta obstáculos debido a tabúes y mitos difundidos por los medios de comunicación. La desinformación y los prejuicios siguen siendo desafíos significativos.
Una medida reciente para mejorar la situación es la creación del Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos, que reemplazará la red actual. Este nuevo organismo, con presupuesto y personal especializado, se dedicará exclusivamente a la promoción y regulación de la donación y el trasplante de órganos. Se espera que las normas para su funcionamiento estén listas antes de fin de año.
Juliana Buitrago destacó que la creación de este instituto puede potenciar el sistema de trasplantes en Colombia, ofreciendo una estructura dedicada y recursos específicos para abordar la crisis de donación.
El trasplante de órganos es un proceso complejo que requiere la colaboración de diversas especialidades y áreas en las instituciones de salud. Juliana Buitrago Jaramillo expresó su frustración: “Es triste y decepcionante que, después de toda la inversión en un trasplante exitoso, un paciente en perfecto estado pierda su órgano simplemente porque no recibe los medicamentos. Esto es absolutamente intolerable; es doloroso perder un órgano por la falta de entrega de medicamentos”.
Una oportunidad para aumentar la donación de órganos
Existen dos tipos principales de donantes fallecidos: el donante con muerte cerebral, cuyo cerebro ha dejado de funcionar y se considera muerto legalmente, y el donante en asistolia, quien ha fallecido por un paro cardíaco. La tecnología, como las máquinas de perfusión que oxigenan y bombean la sangre, permite extraer órganos de donantes en asistolia antes de que se deterioren. Esta opción ofrece una gran oportunidad para aumentar la disponibilidad de órganos, reducir la lista de espera y salvar más vidas.
Sin embargo, la legislación colombiana actual presenta una brecha en cuanto a la donación en asistolia. Aunque la ley permite la donación de órganos de personas fallecidas, no hay una regulación específica para la extracción de órganos de pacientes que han sufrido un paro cardíaco, a pesar de que la tecnología para ello ya está disponible.
La normativa vigente no contempla el uso de tecnologías como las máquinas de perfusión para preservar órganos tras un paro cardíaco. Por lo tanto, no existe un procedimiento claro para la extracción de órganos en estos casos, a pesar de que la donación en asistolia es ética y legalmente aceptada. Esta falta de regulación limita las oportunidades de aumentar el número de órganos disponibles y contribuye a la alta mortalidad en la lista de espera.
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