MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 305 FEBRERO DEL AÑO 2024 ISNN 0124-4388
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Fuente: Catálogos financieros (2016-2017-2018-2019-2020-2021-2022 y septiembre de 2023) SNS. Cálculos: Jaime Alberto Peláez Quintero, Especialista en gerencia, economía y finanzas en salud, UPB.
Para comprender la actual crisis financiera que afecta a toda la cadena de agentes de valor en el sector del aseguramiento en salud en Colombia, es esencial realizar un análisis retrospectivo desde 2016 hasta septiembre de 2023. Este período se divide en tres momentos clave: 2016-2018 como el primer hito, 2019 como el segundo, marcado por la pandemia en 2020, y 2021-2023 como el tercer momento de verdad. Cada fase presenta características singulares que impactan el comportamiento sectorial y contribuyen a los desequilibrios financieros amenazantes para los logros alcanzados por la Ley 100 de 1993 y el sistema de seguridad social integral en salud.
Los análisis de los estados financieros auditados revelan que, en el primer momento de verdad (2016-2018), se registraron pérdidas billonarias al final de cada ejercicio contable. Los márgenes operativos fueron consistentemente negativos, indicando un desfase entre costos médicos, gastos administrativos y logísticos, y los ingresos compensados. Las pérdidas acumuladas en estos tres años alcanzaron $5.5 billones, reflejando un desfinanciamiento que amenaza la estabilidad del sistema de salud.
En el segundo momento (2019-2020), se consolidó un patrimonio histórico negativo de -$5.4 billones debido a pérdidas contables significativas. Sin embargo, el impacto positivo de la restricción de servicios durante la pandemia en 2020 mejoró temporalmente los resultados financieros. Aunque se registró una utilidad operacional, el patrimonio continuó siendo negativo, indicando una descapitalización sectorial persistente.
En el tercer momento de verdad (2021- 2023), se observa una exacerbación de las demandas de atención de salud, junto con un aumento de costos. La utilidad operacional fue negativa en $7.4 billones, contribuyendo a un patrimonio decreciente que se proyecta hacia un indicador negativo incremental. El desfase en términos de UPC para cubrir costos y gastos resultó en un déficit acumulado de $7.4 billones en estos tres años.
Igualmente, los patrimonios, como resultado de estas pérdidas recurrentes, dan cuenta de comportamientos billonarios negativos, donde los pasivos son cada vez más crecientes y, por tanto, el nivel de endeudamiento, en una ecuación ampliamente desigual. El patrimonio en 2016 fue negativo de -$3.0 billones, en 2017 con igual evolución negativa creciente de -$3.7 billones y en 2018 continuó creciendo hasta consolidarse al cierre del ejercicio financiero de -$4.1 billones. Este comportamiento de patrimonio negativo es un inductor o, si se quiere, el precursor de un indicador negativo de patrimonio adecuado, toda vez que anuncia en este caso una descapitalización en 2018 acumulado de $4.1 billones en todo el sector de las aseguradoras en salud, con efectos abyectos en toda la cadena de agentes económicos.
El año 2019 o segundo momento de verdad, —conjuntamente con 2020 de pandemia— es muy relevante, por cuanto se constituye en un hito referente de años de pospandemia, en el cual se tiene cierta regularidad del comportamiento de las cifras negativas del aseguramiento en salud desde la visión de las aseguradoras, según los resultados reportados en el consolidado, evidenciando un valor de facto como pérdida contable absolutamente diciente de la crisis ancestral en EPS cuando al cierre contable las pérdidas netas fueron de -$1.8 billones y un margen neto de -3.37 %. Igualmente, un resultado abultado en pérdida operacional de -$2.6 billones y margen de -5.03 %, cifras que evidencian el deterioro que viene registrando el sector asegurador en salud, mucho antes de la pandemia y que a la fecha no se ha logrado resolver, inclusive, se advierte de peor pronóstico.
La siniestralidad promedio en estos siete años fue de 97,03 %, es decir que de cada $100 de ingreso operacional compensado, el costo de producir los servicios (facturación y radicación de prestadores e integración vertical) fue de $97.03, cuando a septiembre de 2023 fue de 98,49 %.
En el estado actual, es evidente la falta de sostenibilidad, viabilidad y salud financiera del aseguramiento en salud, siendo una enfermedad secular propia de este sistema y, si se quiere, la postergación de una reforma integral que solucione las causas raizales y en tal sentido asegure los recursos, fondos y capacidades duraderas, sustentables y efectivas, que pese a avances logrados y ampliamente reconocidos a nivel interno y externo, aún el sistema no presenta cierre financiero adecuado en por lo menos $7.4 billones en los últimos tres años, según los resultados de los estados financieros, en una siniestralidad creciente, una UPC insuficiente y no contingente y Presupuestos Máximos sin reconocimiento económico y actualización de metodologías, donde más que un downsizing lo que debe realizarse son reestructuraciones focalizadas, de tal suerte que la cura no resulte más costosa y perjudicial que la misma enfermedad.
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