MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 281 FEBRERO DEL AÑO 2022 ISNN 0124-4388
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Por disposiciones del gobierno nacional desde mediados de enero los estudiantes de colegios públicos y privados volvieron a clases presenciales en Colombia, luego de que durante los últimos dos años imperara la educación virtual como una medida para mitigar el contagio del coronavirus.
Obviamente, no se trata de la eliminación total del riesgo de contagio, pero los resultados de la virtualidad en un país con tantos problemas como Colombia empiezan a afectar los indicadores educativos y la falta de socialización perjudica a los niños, niñas y adolescentes no solo en su desarrollo cognitivo sino mental y psicológico.
“La recomendación enfática del Comité Asesor y también del Consenso de Expertos es que no se debe parar la presencialidad de la educación en el país”, expresó el ministro de Salud Fernando Ruiz, al explicar las recomendaciones para el retorno seguro a clases.
Los estudiantes, docentes y administrativos deberán utilizar de manera permanente el tapabocas, lavar frecuentemente las manos, usar el gel antibacterial y mantener el distanciamiento social, tal y como se lee en las normas establecidas tanto por el gobierno nacional como por las diferentes secretarías de Educación del país.
Sin embargo, la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) no está de acuerdo con que haya suficientes “garantías” para mitigar el contagio, “más con las condiciones actuales en que los casos de nuevo están en ascenso con la variante ómicron”.
Actualmente, no solo 635 millones de estudiantes siguen afectados por el cierre total o parcial de las escuelas, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), sino que, también, 370 millones de niños alrededor del mundo se quedaron sin comer en las escuelas durante estos dos años, único lugar en el que podían acceder a una fuente fiable de nutrición diaria.
Robert Jenkins, jefe de Educación de Unicef, aseguró que “sencillamente, estamos ante una escala casi insuperable de pérdidas en la escolarización de los niños”. Sin embargo, aunque la falta de alfabetización es un tema preocupante, no es el único. El cierre de escuelas ha afectado la salud mental de los niños, ha aumentado el riesgo de abuso estando en casa y ha incrementado la desnutrición infantil.
Testimonio que habla de la urgencia de que los niños vuelvan a la escuela. Pero, vayamos a la ciencia, ¿es adecuado que los niños, niñas y jóvenes vuelvan 100 % a la presencialidad?
El epidemiólogo Carlos Agudelo consideró que “hay que volver al colegio como se ha regresado a las otras actividades de la sociedad”, garantizando la aplicación de la primera y segunda dosis de vacuna, el refuerzo cuando sea necesario y el adecuado uso de la mascarilla.
Para Nathalia Gonzalez-Jaramillo, MSc en Epidemiología y doctoranda en Epidemiología del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna (Suiza), cualquier situación de encuentro personal, en cualquier ámbito público o privado, es un factor de riesgo para la transmisión del virus. Debido a la cercanía y los largos períodos de contacto entre los escolares, los cierres de las instituciones educativas fueron una medida no farmacológica válida al inicio de la pandemia. Sin embargo, rápidamente muchos países se dieron cuenta de la necesidad urgente y vital de abrir las escuelas y evitar el impacto negativo en términos de aprendizaje, socialización, seguridad física y emocional.
De acuerdo con su análisis, las intervenciones no farmacológicas concurrentes dirigidas a la población adulta, tales como los cierres de bares y restaurantes, cancelación de eventos públicos y restricciones en la movilidad, cobraron más sentido en el contexto del COVID-19, pues la mayor morbilidad y mortalidad se observaban, y se siguen observando, en los grupos etarios de mayor edad. Pese a esto, en Colombia la presencialidad escolar completa se retrasó en tanto el resto de restricciones para los adultos se relajaron prácticamente en su totalidad. “Aunque la decisión acerca de cómo y cuándo reabrir las escuelas depende de la realidad local de cada país, en general el cierre de escuelas en la actual pandemia debe ser la última opción no farmacológica en implementarse y la primera en levantarse”, dijo la experta.
Agudelo lo resume así: “Puede haber trasmisión de coronavirus en los colegios como lo puede haber en otros escenarios donde hay reuniones de personas. Ya está permitido que las reuniones sociales se hagan entonces por qué no hacerlo en las escuelas, sobre todo con los niveles de vacunación que actualmente tenemos”.
Es de recordar que el año pasado las escuelas públicas funcionaron con un modelo de alternancia denominado “burbujas”, que consistía en dividir a los estudiantes en grupos para mitigar la exposición al contagio, ya que en cada aula había máximo 10 estudiantes y podía garantizarse el distanciamiento entre los mismos.
González-Jaramillo opinó al respecto que aún es importante continuar con las medidas dirigidas a los aspectos conductuales y de ambiente físico. “Las burbujas, por lo tanto, como medidas de contención del contacto social, pudieron ser útiles en la etapa anterior de la pandemia y por supuesto, mejores que los cierres totales. Sin embargo, las burbujas también tienen impacto negativo en términos de aprendizaje, socialización, seguridad física y emocional”.
En esta etapa nueva de pandemia después de la llegada de la variante ómicron, se ha observado que avanzar en la vacunación es la estrategia más relevante para evitar la enfermedad grave y el colapso de las redes de atención hospitalaria.
De acuerdo con la doctora González-Jaramillo, las medidas no farmacológicas para mitigar el riesgo de contagio en las escuelas se centran en cuatro componentes: conducta, ambiente físico, funcionamiento institucional y protocolos de acción en caso de contagios. El uso de mascarillas, mantener la distancia física y asegurar la higiene de manos hacen parte del componente conductual. La ventilación, limpieza y desinfección corresponden al componente de ambiente físico. Los horarios escalonados y los grupos pequeños son parte del componente relacionado con el funcionamiento institucional. La medida farmacológica más importante ahora es la vacunación masiva.
Y es que, si se logra que la población escolar esté vacunada se eliminaría potencialmente el riesgo de enfermedad grave. “Tanto los niños en edad escolar como los adultos inmunizados, pueden contagiarse y contagiar a otros, pero se minimiza el riesgo de enfermedad grave y muerte”, señaló la epidemióloga.
Ahora, existe evidencia científica, como aclaró Agudelo, acerca de que los niños menores de 12 años son menos transmisores del virus, por lo que podría considerarse que hay un menor riesgo de contagio en la escuela que en en reuniones de adultos, si en ambos escenarios se mantienen los protocolos de protección. Con los adolescentes se ha encontrado una mayor transmisibilidad, lo que pude explicarse en que en ellos hay una menor adherencia a las medidas de bioseguridad.
Al respecto, la doctora González-Jaramillo aclaró que dicha conclusión puede confundir por el hecho de que hay un menor reporte de casos entre los niños debido a que, en general, presentan cuadros clínicos más leves y muchas veces no son diagnosticados.
Lo que es un hecho es que las experiencias internacionales de regreso a clase han sido exitosas. En Estados Unidos, por ejemplo se presentaron algunos brotes que pudieron ser controlados rápidamente, asunto que es esperable durante una pandemia, como detalló Agudelo.
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