MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 280 ENERO DEL AÑO 2022 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter icono twitter

2022 un año para no bajar la guardia

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Tradicionalmente el primer mes del año se caracteriza por los mensajes de buenos deseos, un optimismo generalizado, y los momentos de planificación sobre lo que será el nuevo año. Sin embargo 2022, en salud, comienza marcado por la continuidad y el fortalecimiento de una pandemia que ya cumple dos años dictando el rumbo del planeta.

Cuando se dio a conocer la existencia de un virus que se extendía sin control y tenía consecuencias de gravedad sobre la salud de los humanos, se activaron acciones en todos los países, se aceleró el trabajo de la ciencia en la búsqueda de soluciones, los sistemas de salud, empezando por hospitales y clínicas, se dispusieron a afrontar la emergencia, y las personas se mostraron atentas, bajo un miedo casi generalizado, para seguir las recomendaciones que les salvaguardaba la vida. Más de 24 meses después, los esfuerzos no han sido suficientes.

Han pasado dos años y seguimos conviviendo con un virus que, debido al surgimiento de nuevas variantes como la ómicrom, no cede en la velocidad de contagios y continua causando muertes en todo el mundo, pero que también ha desembocado en una especie de cansancio pandémico en la población que se resiste a nuevas restricciones a su movilidad y a retornar a las condiciones de vida tradicionales.

Lo más grave es que, si bien es imposible afirmarlo con certeza, porque se entraría en una especulación poco científica, es que es muy probable que la existencia de una variante como ómicrom sea el resultado en gran porcentaje, como se advirtió desde la ONU y la OMS, a la inequitativa distribución global de las vacunas, hasta ahora centralizada en los países con más poder económico y político. No es de extrañar que haya sido en el África, donde la inoculación no llega al diez por ciento de la población, el lugar fuente de la actual variante dominante.

Y la posibilidad de que la historia se perpetúe no está lejana, porque mientras a esos países relegados no se les han incrementado los envíos de los diferentes biológicos aprobados, que ya deberían ser humanitarios y no comerciales, otros han comenzado como respuesta a aplicar una cuarta dosis a sus habitantes, en una actitud de poca solidaridad global, de autosuficiencia innecesaria, e incluso en contra de las evidencias científicas que no confirman la utilidad de esta estrategia.

En el caso de Colombia la situación tiene similitud. El actual cuarto pico, u ola de la pandemia, fue advertido con suficiente anterioridad por las autoridades de salud, se hicieron los llamados necesarios a la población para que se tomaran las medidas de autocuidado, se profundizó en la vacunación con la implementación de una tercera dosis, pero aun así el aumento de casos se ha desbordado y de nuevo han colapsado los servicios de salud en muchas partes del país. Además del sufrimiento que ha causado en miles de familias.

Esta vez hay que decirlo sin ambages, una interacción social desbordada en diciembre, que se extendió desde las casas a todas las calles, es la causante de la dimensión del actual pico.

Tal vez el cansancio pandémico llevó a que la gente decidiera celebrar como si el COVID-19 fuera algo del pasado; también la tranquilidad de muchos por encontrase vacunados, aunque sus esquemas estuvieran incompletos; otro factor que incidió fue la actitud de muchas autoridades municipales que pese a las advertencias y llamados a la prudencia, no cancelaron las fiestas organizadas en sus localidades, privilegiando la reactivación económica sobre la salud; y por último, pero no menos importante, la saturación de información que circuló durante 2021 en medios masivos y redes sociales, que terminaron convirtiendo el tema en parte del paisaje llevando a disminuir en las personas la percepción de peligro y se relajaran todas las medidas de autocuidado.

Para 2022 el COVID-19 no ha desaparecido, y por esa razón los esfuerzos se deben duplicar por parte de todos. La comunidad científica debe redoblar su trabajo para perfeccionar las actuales vacunas y lograr una mayor efectividad, pero además, avanzar en la búsqueda de tratamientos que hagan más costo eficiente el manejo de las personas contagiadas, y más cuando se comienza a discutir la posibilidad de que estemos ante un virus que se vuelva endémico.

Y la sociedad, en general, debe recordar que es el autocuidado la mejor estrategia y retomar practicas tan simples como el uso del tapabocas, el lavado constante de manos, la distancia social, y la prudencia como guía.


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