MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 279 DICIEMBRE DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter icono twitter

Salvar la VIDA: la tarea de todos y por todos

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Existen temas que deben ser considerados mayores en el más estricto sentido de la palabra. La conservación de la vida es probablemente el mayor de todos. Y algo que parece una verdad de Perogrullo, no es tan simple en su concepción.

A lo largo de la historia la percepción de lo que los humanos entendemos por vida ha evolucionado a la par del conocimiento que adquirimos sobre ella. Inicialmente el pensamiento mítico religioso valoraba la vida solo con lo equiparable a lo humano. El resto de seres no se entendían como entes vivos como tal, y se les atribuía, solo a algunos, más una animación correlacionada con lo mágico. Miles de años de evolución han mostrado que el concepto de la vida supera la visión egocéntrica del hombre, y que por el contrario, es tan basta que continúa ampliándose en la medida que la ciencia explora nuevos horizontes y perspectivas.

Lo otro que poco a poco hemos logrado entender, es que la conservación general de la vida depende de un sutil equilibrio entre todos los seres, animados o no, que hacen parte del planeta que habitamos. Un elemento inanimado como el aire, es fundamental para que los demás existan, un compuesto simple como el agua permite vivir, el microorganismo más sencillo del océano posibilita el inició de la cadena alimenticia, el más leve musgo en el bosque más insignificante, es un pulmón que limpia la atmosfera. Estamos interconectados y somos interdependientes.

Desde los años 50 comenzaron a levantarse las primeras voces, tímidas, sobre los riesgos que se podían generar en el equilibrio de la tierra por causa del accionar desbordado de la actividad productiva humana. Para 2021 todas las alertas se han encendido y desde organismos como la ONU los llamados ingentes para hacer una pausa a la devastación ecológica a la que hemos sometido al planeta se han convertido en un llamado a la meditación, y también a la acción.

La defensa de la salud, como un bien inapreciable, se debe asumir también con base en esos mismos principios de equilibrio. Hace muchos años que se superó la idea de entender a la salud como ausencia de enfermedad. La salud está íntimamente ligada con la esencia de la vida, y no depende por lo tanto solo de factores relacionados con el funcionamiento de los cuerpos, está íntimamente vinculada con determinantes externos, y en este caso, las condiciones ambientales y ecológicas en las que se desenvuelve la vida se convierten entonces en elementos a controlar para garantizar ya no solo la salud, sino la subsistencia.

Existen algunos determinantes ambientales que actúan sobre la salud que han sido abordados desde hace años, aunque la verdad, aún es insuficiente su manejo y falta mucho por hacer. Mejorar la calidad del agua que se consume en los hogares ha sido de gran importancia para disminuir problemas gastrointestinales, pero faltan mayores esfuerzos ante todo en la ruralidad; la calidad del aire en las ciudades ha sido claramente identificada como un agravante para las enfermedades del sistema respiratorio y acá algo se ha hecho frente a los combustibles y limitando la actividad contaminante de las industrias, pero igualmente, el camino aun es largo. En cuanto a los niveles de ruido se han expedido normas para su control, y así la lista podría continuarse como una demostración de que las autoridades han tomado el tema con algún nivel de prioridad.

Sin embargo, los informes recientes del Panel Intergubernamental de expertos conformado por la Organización de Naciones Unidas, muestra que la tarea tiene otras dimensiones. Los niveles de contaminación de la atmosfera son preocupantes; el incremento en el nivel de los océanos puede llegar a ser catastrófico; el aumento de unos pocos grados, dos, en la temperatura global tiene consecuencias difíciles de remediar, en otras palabras, el equilibrio que ha permitido la vida en la tierra ha entrado en una etapa donde es indispensable hacer un alto para valorar y decidir si vamos por el camino correcto en las prioridades que tenemos como especia.

El asunto, nuevamente, se escapa de la órbita de quienes dedicamos nuestros esfuerzos en defender la salud. Pero tampoco es exclusivamente política como podría pensarse, es una tarea de todos.

La ONU ha señalado que si en América Latina la población aumenta hasta los 680 millones de personas en el año 2050, el consumo de material doméstico urbano podría aumentar hasta las 25 toneladas per cápita, muy por encima del rango de entre seis y siete toneladas per cápita que el estudio de ONU Medioambiente considera sostenible. Esto demuestra que es en cada acto que como humanos realizamos donde se conserva o se rompen los equilibrios para la sostenibilidad.

Sí hay responsabilidades de las empresas, de los gobiernos, del modelo económico, de la idea de desarrollo, pero también de la forma en que cada persona asume acciones tan cotidianas como la forma de consumir.

Hemos entrado a un momento histórico donde conservar la salud ya no es solo una prioridad sanitaria, lo que debemos mirar ahora es como salvaguardar la vida no solo de la especie, sino del planeta.


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