MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 268 ENERO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388
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En Latinoamérica, particularmente en Colombia, la protección financiera ante las consecuencias de la desprotección, la incidencia en el gasto empobrecedor en salud así como la incidencia en el gasto catastrófico, la mancomunación de los recursos y la estructura de los sistemas sanitarios, han sido el foco de preocupación de los actores del sistema. Para los pacientes, la preocupación se hace más latente al verse limitados por barreras de acceso y la disponibilidad de recursos, en una relación directa con la asignación de recursos para las atenciones, escasa y no aplicada. En la región este tipo de discusiones trascienden y surgen argumentos que justifican la restructuración como forma de enfrentar las proyecciones económicas y cómo alivio a la sostenibilidad fiscal.
Es así que a partir de dichas situaciones han surgido varios interrogantes: ¿Cómo estábamos antes de la crisis? ¿Dónde nos encontramos ahora? ¿Que nos depara la post crisis? Los sistemas de salud antes de la crisis provocada por la Covid-19, presentaban deficiencia en el financiamiento y problemas de acceso y cobertura. Actualmente, hay una respuesta variada por parte de los países. Los problemas de capacidad y de financiamiento se han hecho patentes.
La región se caracteriza por un gasto público en salud muy bajo. Según los datos entregados por Camilo Cid, economista y asesor regional de economía de la salud y financiamiento en Organización Panamericana de la Salud- OPS - “sólo tres países de América Latina y del Caribe superan el 6 % del PIB. Si se considera a Estados Unidos y Canadá serían cinco”.
Como consecuencia el gasto directo de los hogares y de bolsillo en salud es muy elevado. Para Camilo Cid: “el gasto de bolsillo es más de un tercio del gasto total en salud. Sólo cinco países de la región están por debajo del 20 %”. Por lo tanto, la porción del gasto en salud es cerca de la mitad. Esto origina la falta de acceso así como inequidad, a la vez que tiene consecuencias empobrecedoras para los hogares. Esta relación entre la incidencia del gasto empobrecedor en salud y del gasto catastrófico producen desprotección financiera. Así lo afirmó Cid en el 7º Congreso de la Asociación Colombiana de Economía de la Salud.
En Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y México, la mayor parte del gasto de bolsillo (más del 50 %) corresponde a medicamentos. Seguido por el pago de servicios ambulatorios. En el caso de República Dominicana, Chile y Perú los medicamentos son el principal gasto de bolsillo. Luego está el pago por hospitalizaciones, y para Chile se presentan gastos altos por copagos de servicios ambulatorios.
Por su parte la mancomunación de los recursos, y las estructuras de los sistemas de salud, han presentado una asociación directa. Para el asesor regional: “en la región encontramos sistemas de salud con varios nichos de mancomunación de recursos segmentados y estancados. Esto provoca problemas de falta de solidaridad e ineficiencia estructural”.
Así mismo la asignación de recursos para la atención en salud se asocia con las capacidades del sistema y a la organización de los servicios. Según Cid: “se presentan esquemas fragmentados, que, junto a los problemas de financiamiento, derivan en ineficiencia e inequidad. “Hay debilidades en el desempeño y la rectoría, los incentivos no ayudan a establecer redes integradas de atención y enfoque de APS. Se presenta falta de acceso a la atención en salud, con listas de espera como forma habitual de racionamiento. Hay inequidad en el gasto al interior de los países. Cada segmento presenta diferentes gastos per cápita”.
A ello se le suma que los recursos son escasos y no son aplicados eficientemente. Es decir, una falta crónica de financiamiento que genera problemas de capacidad desde la oferta y que limitan la cobertura y el acceso. Por otro lado, existe eficiencia en la asignación de recursos en salud cuando el sistema logra una combinación óptima de disminuciones de morbilidad y mortalidad junto con el aumento en la protección financiera con acceso equitativo a los servicios.
Según Camilo Cid, las últimas proyecciones entregadas en octubre de 2020 por el Banco Mundial y el FMI son poco optimistas para el 2021, ya que los crecimientos que se tenían proyectados han bajado, y si bien se espera la recuperación de ciertas actividades, aún se mantiene el escenario de incertidumbre.
En el caso de Colombia, según Priscila Gutiérrez, economista del Banco Interamericano de Desarrollo: “el país cuenta con alternativas de financiamiento y ha aumentado su acceso a la Línea de Crédito Flexible- FLC del FMI, lo que representa una señal positiva”. Se dio un incremento de USD $10.800 millones a USD $17.200 millones (6,3 % del PIB). El Ministerio de Hacienda y Crédito Público anunció la posibilidad de realizar un desembolso por USD $5.300 millones (1,95 % del PIB) para apoyo presupuestario.
En este orden de ideas, las condiciones internas permanecen relativamente favorables, pero persiste la incertidumbre externa. En cuanto a las perspectivas “hay signos de recuperación (crecimiento esperado en 2021: 5 %). Existen medidas adicionales para lograr reducir el déficit de 2,5 % del PIB en 2022, una vez se restaure la rentabilidad financiera. El ajuste externo es un desafío a mediano plazo y la política monetaria y financiera seguirán apoyando la reactivación, pero se deben monitorear riesgos”. Argumentó Gutiérrez.
Los posibles riesgos evidenciados por el BID serían: una segunda ola del Covid-19, el endurecimiento de las condiciones financieras, la volatilidad de materias primas, particularmente del petróleo, y el mayor flujo de migrantes que presionen las finanzas públicas.
Según Andrés Pichon, director ejecutivo del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) llamó la atención para ser precavidos en los actuales momentos: “el hecho de representar un alto impacto presupuestario no es, por sí solo, un motivo para no incluir una tecnología en un plan de beneficios en los países analizados”.
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