DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 204 SEPTIEMBRE    AÑO 2015    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 


El Principito,
“reencuentro con el niño que

perdimos en el desierto de la vida”
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co

“Es importante reencontrarnos con nosotros mismos, entrar en el desierto, en la nada, enfrentar nuestros demonios, no silenciarlos, mirarlos a la cara, y llorar por lo que perdimos por estar demasiado ocupados en cosas de adultos. Reencontrarnos con nuestro niño interior. Hacer la vida divertida, amigable, amorosa”.
Dr. Abraham Chams
“El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, es el reencuentro que cada uno debe tener con el niño que perdimos en el desierto de la vida”, en concepto del doctor Abraham Chams, cirujano pediátrico del Hospital Infantil de San Vicente Fundación y residente de la Sociedad Colombiana de Cirugía Pediátrica. Indica: “Es una obra clásica que conjuga literatura, autobiografía y la ética que propone el autor para llegar a ser mejores personas”.
Se escribió en 1942, cuando Francia yacía bajo la opresiva dictadura del nazismo. Las circunstancias vitales del escritor lo volvieron anti-nazista, lo cual lo empujó a convertirse en piloto de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Ello marcaría el resto de su vida.
Expresó a EL PULSO el doctor Chams: “Una de mis frases favoritas y probablemente el hilo conductor de la historia es: 'Las cosas verdaderamente importantes son invisibles a los ojos, los niños ven con el corazón'. En nuestros días esto puede sonar extraño, nuestra cultura se inclina siempre hacia lo que se puede contar y medir, es importante el tiempo y el dinero invertido. De hecho, el autor encarna diversos personajes encerrados en diversos planetas, los cuales sintiéndose importantes o ricos, han ido envejeciendo solos: un rey que no tiene sobre quién mandar, un hombre de negocios que cuenta estrellas entre sus posesiones pero no visita ninguna, un geógrafo que no es explorador, etc.
Los médicos que trabajamos con niños debemos aprender de nuestros pacientes que lo verdaderamente importante no lo ven los ojos: la alegría, la sencillez, la amistad, el amor, etc.”.
Un pasaje de la obra dice: “Sólo se conocen bien las cosas que se domestican dijo el zorro. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!”. Al respecto, anota Chams: “Al igual que el zorro, nos ha domesticado el sistema socio-político y económico, dejamos de hacer la vida divertida y la convertimos en un accidente aéreo en mitad de la nada”.
Para Chams, profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, “es importante reencontrarnos con nosotros mismos, entrar en el desierto, en la nada, enfrentar nuestros demonios, no silenciarlos, mirarlos a la cara, y llorar por lo que perdimos por estar demasiado ocupados en cosas de adultos. Reencontrarnos con nuestro niño interior, con los amigos, con la mujer que amamos, con Dios y con los valores y principios aprendidos en casa y en la vida profesional con nuestros maestros. Hacer la vida divertida, amigable, amorosa”.
“Al igual que el zorro, nos ha domesticado
el sistema socio-político y económico, dejamos
de hacer la vida divertida y la convertimos en un
accidente aéreo en mitad de la nada”.
Dr. Abraham Chams
Ese reencuentro, dice el pediatra, editor general de la Revista CIRUPED, significa también “contemplar el cielo, descubrir millones de estrellas y saber que en una de ellas hay una flor protegida de un cordero. Cuando nuestra profesión médica, nuestro quehacer, nuestro arte, sea iluminado por una vida llena de convicciones, nuestro interior estará desbordado por un profundo sentimiento de hacer las cosas bien y con coherencia. Los niños tienen mucho que enseñarnos a nosotros los médicos”.
“El Principito” y el amor de las criaturas
La sabiduría del alma y del corazón que encarna “El Principito” es asimilable a la empatía con el orden universal, ese amor que funde al sujeto con el ser amado, presente en el discurso del zorro: “-Adiós -dijo el zorro. -Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, idea capital de la obra, que hunde sus raíces en remotos humanismos. Uno de ellos, el de Ramón Sibiuda, el más grande filósofo español del siglo XV, puente entre la mística medieval y la del Siglo de Oro, con su “Tratado del amor de las criaturas” (Liber Creaturarum, 1436), para Fortunat Strowski un “audaz poema de metafísica, mística novela de amor, sutil análisis de la psicología humana, aliento generoso hacia la más universal de las vidas”.
Sibiuda postula: “El amor tiene la fuerza y virtud para unir, cambiar, convertir y transformar. Y ésta es su propia naturaleza y su condición indispensable. Y por eso une al amante con la cosa amada, y lo transforma de su ser, y convierte y cambia al amante en la cosa amada”. (…) Quien ama a Dios agradece la Creación, se reconcilia con su prójimo y esto genera la felicidad. Para el profesor de la Universidad de Salamanca, José Luis Fuertes, “El Tratado” enseña que el verdadero gozo sólo se concibe “desde el contento y la contemplación admirada de los maravillas de la naturaleza y de nosotros mismos” (Revista Española de Filosofía Medieval, No. 4, 2007, pp. 63-78).
 
Sinopsis de
“El Principito”
El Principito habita un planeta del tamaño de una cajita de juguete, que comparte con una flor caprichosa y tres volcanes. Por "problemas" con su flor, se siente solo y abandona el planeta en busca de un amigo. Recorre varios planetas, habitados por un rey que cree reinar sobre todo sin darse cuenta que nadie le obedece; un vanidoso, hambriento de aclamación y aplausos vacíos; un borracho que bebe para olvidar la vergüenza del beber; un negociante que se cree dueño de las estrellas y pasa su vida contándolas pero sin conocerlas; un geógrafo que endiosa la ciencia y la técnica como fines en sí mismos, no como instrumentos para lograr fines humanos; y un farolero, más útil que los demás, que enciende las estrellas pero no es reflexivo y sólo actúa por cumplir un deber.

El concepto de "seriedad" de estas "personas mayores" deja perplejo al Principito. Al fin, llega al planeta Tierra, la cual por inmensa y vacía aumenta su soledad. Una serpiente le da su versión pesimista sobre lo poco confiables que son los hombres. El zorro le reafirma esta visión del ser humano y le enseña la forma de conseguir: creando lazos, dejándose "domesticar". Al fin le revela su secreto: "Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos". El Principito entiende que su flor lo ha "domesticado" y decide regresar a su planeta, ayudado por la serpiente. Entra en contacto con el aviador que aterriza de emergencia en el desierto del Sahara, y quien a la postre encuentra un verdadero amigo en el niño.

 
Medicina en la pintura

Las enfermedades de “La Mona Lisa”
Isabel Cristina Rueda Calle Comunicadora Corporativa - elpulso@elhospital.org.co
Leonardo Da Vinci a sus 52 años empezó a pintar una de sus obras maestras: “La Gioconda”. El doctor A. Martínez García, en “La Mona Lisa: Un compendio de medicina interna”, recogió diagnósticos a los que habrían llegado varios médicos a través de los años.
En 1959 el doctor Keele diagnosticó el embarazo de la modelo al identificar en cara, cuello y manos algunos cambios de las típicas alteraciones hormonales de la gestación, más lo que considera postura típica: los brazos cruzados sobre el regazo. El doctor Marañón detectó una insuficiencia ovárica y en relación con el embarazo, el mayor riesgo en este caso es de parálisis facial. En 1989 el doctor Adour identificó una parálisis de Bell parcialmente recuperada, con secuelas de leve contractura muscular facial, evidente en la comisura bucal y ceja izquierda, y una desagradable sincinesia secundaria que provocaría movimientos involuntarios faciales asociados a otros voluntarios o al parpadeo, lo que habría hecho imposible concluir la obra y obligado a Leonardo a la indefinición de rasgos.
El doctor Borkowski descubre bajo el labio inferior de la joven una lesión cicatricial posiblemente secundaria a un traumatismo bucal con pérdida de piezas dentales, lo que ocasionaría la ausencia de sonrisa franca y su característica boca. Al respecto el doctor Gargantilla diagnostica un bruxismo por estrés, lo que obligaba a la modelo a encajar bien ambos maxilares para evitarlo, aunque también es posible que el gesto se deba a una falta de piezas dentales por las frecuentes piorreas de la época.

En relación con ese peculiar esbozo de sonrisa, se lanzó la hipótesis del ennegrecimiento de las piezas dentales “por tratamiento con mercuriales de la sífilis que padecía la modelo (...)”. La esclerodermia, de mayor incidencia femenina, es otra patología identificada según el aspecto tenso, junto con finos labios y cierto fruncimiento de la boca.
El dermatólogo Dauden Sala, deteniéndose sobre todo en la ausencia de pelo en cejas y pestañas, habla de un defluvium capillorum, alopecia universal por estrés emocional sostenido, por lo que se supone que la cabellera de la modelo sería una cuidada peluca. Cabe aclarar que hay versiones narradas de esta pintura que describían que las cejas estaban tan bien pintadas, que parecía verse cómo salía el pelo de la piel, por lo que se cree que las cejas fueron talvez borradas en una restauración siglos atrás.
El doctor Dequeker, en relación con un posible xantelasma en la proximidad del lagrimal izquierdo y un lipoma de unos 3 centímetros de largo en el dorso de la mano derecha por debajo del dedo índice, diagnostica una hipercolesterolemia familiar tan severa, como para causarle la muerte con sólo 37 años. El especialista japonés Nakamuro habla de coloración débilmente amarillenta de la conjuntiva del ojo izquierdo por consumo excesivo de grasas, pero esta heterocromía del iris es interpretada por el doctor Rodríguez como iridociclitis heterocrómica de Fuchs, donde se asocian heterocromía, uveítis y cataratas.
Pasamos por 17 diagnósticos y en el texto hay 10 más, pasando por depresión y debilidad mental por su sonrisa poco definida. Sin dirigir una palabra a estos médicos y sin una ayuda diagnóstica a esta silenciosa y quieta mujer, le diagnosticaron 26 afecciones y un embarazo: o sea, tanto el buen ojo clínico como el sobre-diagnóstico existieron y existirán.
Referencias:
- https://es.wikipedia.org/wiki/La_Gioconda
- www.louvre.fr/en/oeuvre-notices/mona-lisa-portrait-lisa-gherardini-wife-francesco-del-giocondo
- La Gioconda y la Medicina: http://scielo.isciii.es/pdf/ami/v23n3/humanidades
http://apps.elsevier.es/watermark/ctl_servlet?_f=10&pident_articulo=90090762
- El remedio: https://lamedicinaenelarte.wordpress.com/2014/06/24/

 



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