DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 197 FEBRERO AÑO 2015    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 

500 años de la mística de Ávila
Santa Teresa de Jesús:
la novia terrenal de Dios
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co

“…Diome su mano derecha y díjome: Mira este clavo, que es una señal que serás para mí esposa desde ahora; hasta ahora no lo havías merecido. De aquí en adelante, no sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás mi honra, sino como verdadera esposa mía”, dijo Dios a Santa Teresa de Jesús -según su testimonio- con ocasión de su “Desposorio Místico”, en 1556. Ella contestaría: “¡Señor mío y esposo mío! ¡Ya es llegada la hora tan deseada! ¡Tiempo es ya que nos veamos, Amado mío y Señor mío!”, y bien pudo agregar: “Vuestra soy, para Vos nací, / ¿qué mandáis hacer de mí? / (…) Veisme aquí, mi dulce Amor, / amor dulce, veisme aquí: ¿qué mandáis hacer de mí? (…) / Si queréis que esté holgando, / quiero por amor holgar. / Si me mandáis trabajar, / morir quiero trabajando. / Decid, ¿dónde, cómo y cuándo? / Decid, dulce Amor, decid: / ¿qué mandáis hacer de mí?”.
En medio de éxtasis, dolores y persecuciones que la humana razón no entiende sino en alguien presa de locura mística y en generosa comunión con sus hermanos, Santa Teresa de Jesús vivió una de las más intensas historias de amor de la humanidad.
Su siglo XVI es el Siglo de Oro de las letras castellanas; de Felipe II, típico monarca de la Contrarreforma y del auge del imperio español en el mundo; en lo ideológico, del neo-escolasticismo y la nueva mística pre-Concilio de Trento, y de una realeza que cuestiona la decadente moral romana en iglesias y conventos al tiempo que sofoca levantamientos regionales.
En este entorno nace Teresa en Ávila en 1515, hija del próspero comerciante Alonso Sánchez de Cepeda y de Beatriz Ahumada. Se apellidará Ahumada y no Cepeda, al parecer para ocultar su origen de judíos conversos por su abuelo paterno Juan Sánchez de Toledo, quien tras la condena de la Inquisición por judaísmo, escapa a la hoguera al acogerse a un Edicto de Gracia. Ello marca la auto-afirmación de Teresa como mujer de Dios y decide su ingreso a la Orden de las Carmelitas, tabla de salvación contra el estigma social y el feroz anti-semitismo de los Reyes Católicos; varios biógrafos falsean su árbol genealógico y la defienden de la supuesta degradación de su linaje.
Alberto Campos, uno de los escritores teresianos, señala: “…La unión con Dios puede interpretarse desde su interior como una victoria final contra la sociedad castellana de su siglo, que ha hecho de ella víctima de humillación”.
Su hermano Rodrigo es cómplice en sus lecturas de vidas de santos, de donde les viene el sueño del martirio: “Concertávamos irnos a morir a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allá nos descabezasen”. En otras veleidades, con su madre lee novelas de caballería; en la autobiografía confiesa: "Esos libros no dejaron de enfriar mis buenos deseos y me hicieron caer insensiblemente en otras faltas. Las novelas de caballerías me gustaban tanto, que no estaba yo contenta cuando no tenía una entre las manos".
“Tal cúmulo de enfermedades padeció
siempre (Santa Teresa de Jesús), que aún hoy se hace
realmente difícil hallar la raíz de las mismas”.
Alberto Campos

A las mozas de su tiempo imita vistiendo colores vistosos, tacones altos, joyas, collares y aretes. Entretanto, crecen su formación y su vocación. Devora las Confesiones de San Agustín, las Epístolas de San Jerónimo, el Soliloquio de San Buenaventura, Francisco de Osuna, Fray Antonio de Guevara, “Diálogos” de San Gregorio, Luis Vives, San Pedro de Alcántara, San Vicente Ferrer, entre muchos otros, y de modo especial a San Juan de Ávila, Fray Luis de Granada, al mismo Erasmo de Rotterdam y otros proscritos por el “Índice”, intelectuales peligrosos para una Inquisición ensañada contra el Iluminismo del siglo XVI, movimiento favorecido por los protestantes que rechaza el formalista culto externo, la corrupta vida monástica, las bulas papales, los ayunos y abstinencias y la confesión de boca, elogia la oración mental y el contacto sincero con Dios.
Una “alumbrada”, hebrea, que lee y escribe y tiene ímpetus reformadores, es blanco fácil del Santo Oficio; el 90% de las mujeres españolas son analfabetas y la lectura femenina es una intrusión en el mundo masculino y eclesiástico; por eso, 3/4 partes de los libros se encriptan en latín. Fray Luis de León, el santo varón preso 4 años por la Inquisición, edita “El Libro de la Vida” de Santa Teresa. En 1536 toma hábito la futura reformadora de la Orden de la Virgen Santa María del Monte Carmelo y un año después hace su profesión.
¿Éxtasis místico o neurosis?
Similar a San Francisco de Asís en el Medioevo, Santa Teresa de Jesús soporta una carga cruel de enfermedades en su duro camino de reformadora y fundadora de monasterios. Si viviese hoy en Colombia, muchos de sus males estarían fuera del POS y moriría sin remisión. Alberto Campos indica: “Tal cúmulo de enfermedades padeció siempre, que aún hoy se hace realmente difícil hallar la raíz de las mismas”.
Precisa que Teresa se quejó de dolores de costado, de espalda que sube hasta el cerebro, esquinancia, de quijadas, de muelas, dolores y ruidos de cabeza, romadizos, catarros, afecciones de garganta, calenturas, cuartanas, vómitos, trastornos de hígado, riñones y matriz. Ella atribuye ciertos males a cambios de la luna. Las curas y purgas le dan fiebres y dolores intensos, la ciencia actual le diagnostica contracciones crónicas, rigidez muscular, sofocamiento, globus hystericus, hiperestesia, desórdenes nerviosos del sistema circulatorio y crisis psico-fisiológicas entre la pubertad y la menopausia, cardiopatías y angina de pecho.

“Eros es un psico-pompo, es decir un
intermediario entre el deseo y el objeto, en
este caso el objeto es Dios, que es un sustituto
del padre (o del hombre en general), pero es
también algo que está más allá de lo genital
mientras que no puede evitar darse
de bruces con lo fálico”.
Ensayo “Divinidad o neurosis”.
Teresa se siente llevada al infierno por el propio Demonio, para expertos neurólogos, "alucinaciones que llegan por el hemicampo izquierdo”; el doctor García-Albea, jefe de Neurología del Hospital Príncipe de Asturias, lo atribuye a epilepsia no congénita, por cisticercosis, muy abundante en España, causada por la solitaria del cerdo (“Teresa de Jesús, una ilustre epiléptica”).
De 24 años sufre un raro paroxismo que no puede sanar una curandera, queda como muerta por 4 días, posible ataque cataléptico, con inmovilidad y casi nulos signos vitales como la respiración y el pulso cardiaco. Su hálito no empaña un espejo que le ponen delante, recibe la extremaunción, corre el rumor de su muerte, le ponen cera derretida en los ojos, la amortajan y comienza el funeral. Su padre no claudica y de rodillas dice: “Esta hija no es para enterrar”. Despierta entre delirios, pidiendo confesión y comunión.
Ella narra: “La lengua hecha pedazos de mordida; la garganta, de no haver pasado nada y de la gran flaqueza que me ahogava, que aún el agua no podía pasar; toda me parecía estava descoyuntada; con grandísimo desatino en la cabeza: toda encogida, hecha un ovillo, sin poderme menear ni pie ni mano ni cabeza, más que si estuviera muerta”. De esto proviene la tafiofovia, miedo al enterramiento en vida.
Algunos interpretan el cuadro como “neurosis histérica”, regresión a conflictos psíquicos de la infancia. “La lengua hecha pedazos de mordida” parece que se debió a crisis convulsivas en estado comatoso. Como si fuera poco, en 1577 sufre Teresa la parálisis del brazo izquierdo que se rompe al caer por una escalera.
Levitación amorosa
La herida o estigma del corazón de Teresa, interpretada piadosamente como el dardo con que el ángel la traspasó en la “Transverberación”, y plasmada por Bernini en “El éxtasis de Santa Teresa ", para Roberto Novoa-Santos, famoso médico-patólogo español, pudo ser la cicatriz de un infarto agudo de miocardio. Por otra parte, el catedrático emérito de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Alonso Fernández (”Estigmas, levitaciones y éxtasis”), conceptúa que no está acreditada la levitación de Santa Teresa, San Francisco de Asís y demás místicos. Según la tradición, en 1573 levitan juntos Santa Teresa y San Juan de la Cruz..
“Si en medio de las adversidades
persevera el corazón con serenidad, con gozo
y con paz, esto es amor”.
Santa Teresa de Jesús

Otra vez, el éxtasis sorprende a Teresa en la cocina del convento, con la sartén en la mano. La Madre ordena a las monjas que tiren de su hábito cuando la vean elevarse o se arroja al suelo para no levitar. La compleja patología de Teresa se intensifica con el frío intenso de Ávila y los rigores climáticos de otros lugares, con los alérgenos de olivo y ciprés del convento, y con los castigos que se auto-inflige con cilicios y zarzos.
María José Blanco opina: “Que las vivencias de Santa Teresa tenían un tinte sexual o libidinal no cabe duda, sólo hay que ver que decía haber tenido ayuda de María Magdalena cuando se sintió arrobada delante de un cuadro de la Pasión del Señor”, pero advierte que eso no significa necesariamente que el éxtasis sea un orgasmo.
El ensayo “¿Divinidad o neurosis?” (revista “Neurociencia-neurocultura”), afirma: “Eros es un psico-pompo, es decir un intermediario entre el deseo y el objeto, en este caso el objeto es Dios, que es un sustituto del padre (o del hombre en general), pero es también algo que está más allá de lo genital mientras que no puede evitar darse de bruces con lo fálico”. Para el gran Charcot, Teresa de Jesús es “une grand hystérique”. Alberto Campos advierte que pese a todo, no se descarta la hipótesis de un componente sobrenatural.
Tan dura existencia podría resumirse en esta frase de la santa: “La vida es una mala noche en una mala posada”. Pero con su vida valiente y su muerte liberadora, Teresa de Jesús ratifica otro pensamiento: “Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor” .

 
¡Cuan triste es, Dios mío,
la vida sin ti!”: Santa Teresa de Jesús
Santa Teresa de Jesús nunca se creyó nacida para la poesía, pero la poesía mística no existe sin ella. Sin pretenderlo, la santa de Ávila se convirtió en paradigma de la literatura mística del Siglo de Oro.
Alberto Campos, uno de su biógrafos, indica que “si de un recurso literario específico hay que hablar a la hora de analizar el estilo de Teresa de Jesús, éste es el empleo de las imágenes como vehículo de expresión”, sacadas de la Madre Naturaleza, nexo entre lo divino y lo humano. Agrega: “Desdeña Teresa por principio el recurso a las voces cultas, (…) las desnuda de su presunto cultismo al reconvertirlas al lenguaje popular, (…) escribía como hablaba, y de hecho hablaba y escribía como lo hacía el pueblo del siglo XVI”, en ella predominan los sustantivos sobre los adjetivos, y abunda en vulgarismos, vocablos inexistentes y arcaísmos.
En vez de iglesia dice “ilesia”, “relisión” por religión, “demoño” por demonio, “perlado” por prelado, “vía” por veía, “iprócrita” por hipócrita. Fray Luis de León, editor de Teresa y depurado poeta, dice que pese a las anomalías gramaticales, ella era la misma elegancia. Para el novelista Juan Valera (“Pepita Jimenez”), “no es el estilo, no es la fantasía, no es la virtud de la palabra lo que nos persuade, sino la sincera e irresistible aparición de la verdad en la palabra misma”.
“Santa Teresa de Jesús”, Peter Paul Rubens, 1644.
Kunsthistorisches Museum. Viena, Austria.

Misticismo barroco
Dámaso Chicharro, catedrático de la Universidad de Jaén, España, conceptúa: “Es su sentimiento de la humanidad de Cristo el verdadero tema recurrente en toda su literatura, pues Teresa no podía entender a Cristo sino como hombre con quien comunicarse. Este afán de comunicación es una nota propia del Barroco”, junto con su actitud mística ante la naturaleza y anota que “esta propensión a lo natural y vívido se observa ya en los ascéticos medievales, pero con diferencia de tono absoluta”, y señala su influjo sobre escritores barrocos. Teresa, dice, “no se emociona ante el paisaje natural sino ante los sucesos que en su marco se producen”, su prosa y su poesía apenas sí aluden al paisaje, al contrario del estilo renacentista. Sólo una vez, en Andalucía, vibra ante un día primaveral: “El pre-barroco teresiano adquiere así una dimensión netamente andaluza”.
Obras capitales en prosa de la mística abulense son: “Libro de la Vida”, autobiografía por excelencia, experiencias místicas y compendio de su doctrina espiritual editado por Fray Luis de Granada. “Cuentas de conciencia” completa sus testimonios autobiográficos. “Las moradas o castillo interior” -con notoria influencia de su alma gemela, San Juan de la Cruz- alcanza la mayor profundidad como testamento espiritual; describe 7 celdas o compartimientos del alma a través de las cuales se logra la unión con Dios. El Papa León XIII lo califica “monumento de la teología mística” y “nuevo Apocalipsis del Amor”. En las “Moradas sétimas”, Teresa define la fusión divina del alma: “Digamos que sea la unión como si dos velas de cera se juntasen en estremo que toda luz fuese una, u que el pabilo y la luz y la cera es todo uno (…) Acá es como si cayendo agua del cielo en un río u fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cuál es el agua del río u lo que cayó del cielo”. “Camino de perfección” comparte este espíritu.
“Meditaciones sobre los Cantares”, llamado por Teresa “Mis meditaciones”, conocido como “Conceptos del amor de Dios”. “Exclamaciones”, publicado por Fray Luis de León; “Libro de las Constituciones”, regla teresiana para sus conventos, compendia su obra reformadora. “Libro de las Fundaciones” relata la creación de monasterios. “Visitas de las descalzas”, manual operativo para supervisión conventual, “Avisos”, “Epistolario” recoge unas 500 cartas que se conservan de las 15.000 que escribió Santa Teresa. “Desafío espiritual”, especie de entretenimiento literario, junto con “Vejamen”. Sus abundantes Poesías, florilegio sin par del verso místico, son una catarsis para sus dolores y angustias.

Santa Teresa de Jesús nunca
se creyónacida para la poesía, pero la poesía
mística no existe sin ella. Sin pretenderlo, la
santa de Ávila se convirtió en paradigma de
la literatura mística del Siglo de Oro.
Denis O Quirós Leyva ve en la poesía mística de Teresa de Ávila la “superación del logo-centrismo”, que cambia la oposición de términos por su unidad esencial. La muerte se transforma en vida, la prisión en libertad, la pobreza material en riqueza espiritual, el placer en dolor y el dolor en placer. La Madre de Ávila expresa: "El que llaman de pobreza / si se guarda con pureza / está lleno de riqueza"; o, "Si el padecer con amor / puede dar tan gran deleite / ¡Que gozo nos dará el verte!”. Su manantial místico inunda la poesía española y mundial. Laura Montoya, la santa colombiana, sigue su vena mística y retoma sus conocidos versos: “Toda de Él penetrada / sin el ser que en Él perdí, / vivo sin vivir en mí, / y de tal modo me posee, que a veces si Es o soy no lo sé, / que todo con Él confundí”. “Vivo sin vivir en mí” es ejemplo clásico de la poesía teresiana (Ver “Ocioso lector”).
Poetisa y reformadora
En Teresa no hay muro entre la literatura y la obra fundacional y reformadora. Su vivencia de Dios entraña la actitud mística; de ella deviene la necesidad de reformar la Orden Carmelita, creando Los Descalzos con 20 monasterios. Y la escritura en prosa y verso es registro notarial de su vida interior y su labor social, no la misión esencial de esa vida.
A tono con el iluminismo que profesa, la Madre Teresa basa su reforma en la espiritualidad, oración mental, la ascesis y el trabajo constante. Enemiga de la penitencia excesiva, exhorta a sus monjas: “Estas virtudes grandes, hermanas mías, querría yo fuere nuestro estudio y penitencia, que en otras asperezas, aunque son buenas, ya sabéis os voy a la mano cuando son demasiadas”. Les inculca nobleza de corazón, docilidad y sentido de adaptación, no admite afectación ni melindres, y promueve su formación intelectual para conocer la doctrina católica; por ello no admite chicas analfabetas, excluyendo a muchas campesinas y prefiriendo a mujeres de la burguesía conversa. Así cimenta una defensa colectiva frente al embate oscurantista de la Inquisición, ante la cual la acusa la intrigante Princesa de Éboli. Su “Libro de la Vida” sale avante tras 12 años de duro examen de los inquisidores, quienes develan la malignidad de las acusaciones.
A Santa Teresa de Ávila atribuyen la famosa redondilla que también figura como de Catalina de Jesús o cantar anónimo del siglo XVII: “Ven muerte tan escondida, / que no te sienta venir, / porque el placer de morir / no me vuelva a dar la vida”. Su deseo se cumple el 4 de octubre de 1582 cuando muere en Alba de Tormes. Varias opiniones médicas señalan como causa de la muerte de Teresa de Ahumada un cáncer de cuello uterino con gran flujo de sangre o metrorragia; entonces era frecuente el adenocarcinoma de endometrio, tumor propio de mujeres vírgenes, generalmente obesas como Santa Teresa.
Atrás deja su luminosa estela de amor y poesía, y a sus claustros sembrados de santidad, pero en siglos posteriores muchos de ellos no escapan a la traición de su testamento espiritual. Aún en vida, ve con tristeza cómo en su Casa Madre de San José de Ávila se quebranta la abstinencia de carne, y lo peor: el voto de pobreza. En 1617 se la declara Patrona de España, canonizada en 1622 y proclamada en 1970 Doctora de la Iglesia. 500 años después, resuena la oración de Teresa: “¡Cuan triste es, Dios mío, la vida sin ti!”
 

 

 
Ocioso lector

Vivo sin vivir en mí
(Fragmento)

“Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero”.
Sobre aquellas palabras
"Dilectus meus mihi"
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,


“Santa Teresa”, de Francois Gérard, 1827
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado”.
Medicina en la pintura

“El doctor”, de Sir Luke Fildes (1891)
Isabel Cristina Rueda Calle Comunicadora Corporativa - elpulso@elhospital.org.co
Sir Luke Fildes (Liverpool, 1844), uno de los artistas más famosos y controvertidos de la época victoriana, tras estudiar arte en famosas instituciones y ser ilustrador, a sus 26 años su cómoda posición económica le permitió abandonar la faceta de dibujante para dedicarse a la pintura al óleo, llegando a ser uno de los pintores mejor pagos de Gran Bretaña, pintando, entre otros, los rostros de miembros de la familia real británica.
Sir Henry Tate le encargó el óleo “El doctor”. La familia Tate consiguió una considerable fortuna y dedicó buena parte de sus ingresos a la filantropía y al coleccionismo de arte. La obra encargada debía tener como fondo un tema social que reflejara, a los ojos de la adinerada sociedad británica de fines del siglo XIX, las duras condiciones de vida que padecían los sectores de la población más desfavorecidos, y que con su sufrimiento y trabajo extenuante contribuían a que Gran Bretaña estuviese a la cabeza del mundo.

Luke pasó por el doloroso trance de ver sufrir y fallecer por tuberculosis a su hijo de solo un año de edad, el día de Navidad. Por eso probablemente eligió esta escena que presenta una estancia pequeña, con la sala transformada momentáneamente buscando un espacio para acomodar una niña enferma a la que se instaló en un improvisado lecho. La escasa luz natural entra en la habitación por una pequeña ventana en el ángulo superior derecho. El espacio y el mobiliario revelan la pobreza de la familia. Lo disponible en la vivienda se puso al servicio del ser indefenso y las tareas cotidianas se interrumpieron ante la enfermedad. La sensación de poco espacio se acentúa al ocupar las dos sillas, sobre las que reposa el cuerpo de la niña y que hacen del lecho, el centro de la composición. La débil luz natural obligó al médico a reorientar la pantalla de la lámpara para apreciar el más leve indicio de cambio en el rostro de la niña.
Este primer plano se completa con la figura del médico, que muestra su preocupación por el bienestar de la pequeña. En un segundo plano, el padre con su postura comunica su preocupación por la enferma y por consolar la madre, mientras su mirada está pendiente del doctor, conocedor de la ciencia y portador de la esperanza. La madre aparece abatida, oculta el rostro, mientras junta sus manos en actitud implorante.
El contraste entre el porte del médico, impecablemente vestido, y la humildad y el desorden de la habitación es evidente, sin embargo esto no distancia al médico de su paciente: sin prejuicios se le acerca e intenta comprender su entorno, su enfermedad y sufrimiento, con el fin de ofrecerle alivio o consuelo.
Referencia:
Http://www.tate.org.uk/art/artworks/fildes-the-doctor-n01522/text-summary

 



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