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500 años de la mística de
Ávila
Santa Teresa de Jesús:
la novia terrenal de Dios
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
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Diome su
mano derecha y díjome: Mira este clavo, que es una señal
que serás para mí esposa desde ahora; hasta ahora
no lo havías merecido. De aquí en adelante, no
sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás
mi honra, sino como verdadera esposa mía, dijo
Dios a Santa Teresa de Jesús -según su testimonio-
con ocasión de su Desposorio Místico,
en 1556. Ella contestaría: ¡Señor
mío y esposo mío! ¡Ya es llegada la hora
tan deseada! ¡Tiempo es ya que nos veamos, Amado mío
y Señor mío!, y bien pudo agregar: Vuestra
soy, para Vos nací, / ¿qué mandáis
hacer de mí? / (
) Veisme aquí, mi dulce
Amor, / amor dulce, veisme aquí: ¿qué mandáis
hacer de mí? (
) / Si queréis que esté
holgando, / quiero por amor holgar. / Si me mandáis trabajar,
/ morir quiero trabajando. / Decid, ¿dónde, cómo
y cuándo? / Decid, dulce Amor, decid: / ¿qué
mandáis hacer de mí?.
En medio de éxtasis, dolores y persecuciones que la humana
razón no entiende sino en alguien presa de locura mística
y en generosa comunión con sus hermanos, Santa Teresa
de Jesús vivió una de las más intensas
historias de amor de la humanidad. |
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Su siglo XVI es el Siglo de Oro
de las letras castellanas; de Felipe II, típico monarca
de la Contrarreforma y del auge del imperio español en
el mundo; en lo ideológico, del neo-escolasticismo y
la nueva mística pre-Concilio de Trento, y de una realeza
que cuestiona la decadente moral romana en iglesias y conventos
al tiempo que sofoca levantamientos regionales.
En este entorno nace Teresa en Ávila en 1515, hija del
próspero comerciante Alonso Sánchez de Cepeda
y de Beatriz Ahumada. Se apellidará Ahumada y no Cepeda,
al parecer para ocultar su origen de judíos conversos
por su abuelo paterno Juan Sánchez de Toledo, quien tras
la condena de la Inquisición por judaísmo, escapa
a la hoguera al acogerse a un Edicto de Gracia. Ello marca la
auto-afirmación de Teresa como mujer de Dios y decide
su ingreso a la Orden de las Carmelitas, tabla de salvación
contra el estigma social y el feroz anti-semitismo de los Reyes
Católicos; varios biógrafos falsean su árbol
genealógico y la defienden de la supuesta degradación
de su linaje.
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Alberto Campos, uno
de los escritores teresianos, señala:
La
unión con Dios puede interpretarse desde su interior
como una victoria final contra la sociedad castellana de su
siglo, que ha hecho de ella víctima de humillación.
Su hermano Rodrigo es cómplice en sus lecturas de vidas
de santos, de donde les viene el sueño del martirio:
Concertávamos irnos a morir a tierra de moros,
pidiendo por amor de Dios, para que allá nos descabezasen.
En otras veleidades, con su madre lee novelas de caballería;
en la autobiografía confiesa: "Esos libros no dejaron
de enfriar mis buenos deseos y me hicieron caer insensiblemente
en otras faltas. Las novelas de caballerías me gustaban
tanto, que no estaba yo contenta cuando no tenía una
entre las manos". |
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Tal cúmulo
de enfermedades padeció
siempre (Santa Teresa de Jesús), que aún hoy
se hace
realmente difícil hallar la raíz de las mismas.
Alberto Campos
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A las mozas de su tiempo imita vistiendo colores vistosos,
tacones altos, joyas, collares y aretes. Entretanto, crecen
su formación y su vocación. Devora las Confesiones
de San Agustín, las Epístolas de San Jerónimo,
el Soliloquio de San Buenaventura, Francisco de Osuna, Fray
Antonio de Guevara, Diálogos de San Gregorio,
Luis Vives, San Pedro de Alcántara, San Vicente Ferrer,
entre muchos otros, y de modo especial a San Juan de Ávila,
Fray Luis de Granada, al mismo Erasmo de Rotterdam y otros
proscritos por el Índice, intelectuales
peligrosos para una Inquisición ensañada contra
el Iluminismo del siglo XVI, movimiento favorecido por los
protestantes que rechaza el formalista culto externo, la corrupta
vida monástica, las bulas papales, los ayunos y abstinencias
y la confesión de boca, elogia la oración mental
y el contacto sincero con Dios.
Una alumbrada, hebrea, que lee y escribe y tiene
ímpetus reformadores, es blanco fácil del Santo
Oficio; el 90% de las mujeres españolas son analfabetas
y la lectura femenina es una intrusión en el mundo
masculino y eclesiástico; por eso, 3/4 partes de los
libros se encriptan en latín. Fray Luis de León,
el santo varón preso 4 años por la Inquisición,
edita El Libro de la Vida de Santa Teresa. En
1536 toma hábito la futura reformadora de la Orden
de la Virgen Santa María del Monte Carmelo y un año
después hace su profesión.
¿Éxtasis místico
o neurosis?
Similar a San Francisco de Asís en el Medioevo,
Santa Teresa de Jesús soporta una carga cruel de enfermedades
en su duro camino de reformadora y fundadora de monasterios.
Si viviese hoy en Colombia, muchos de sus males estarían
fuera del POS y moriría sin remisión. Alberto
Campos indica: Tal cúmulo de enfermedades padeció
siempre, que aún hoy se hace realmente difícil
hallar la raíz de las mismas.
Precisa que Teresa se quejó de dolores de costado,
de espalda que sube hasta el cerebro, esquinancia, de quijadas,
de muelas, dolores y ruidos de cabeza, romadizos, catarros,
afecciones de garganta, calenturas, cuartanas, vómitos,
trastornos de hígado, riñones y matriz. Ella
atribuye ciertos males a cambios de la luna. Las curas y purgas
le dan fiebres y dolores intensos, la ciencia actual le diagnostica
contracciones crónicas, rigidez muscular, sofocamiento,
globus hystericus, hiperestesia, desórdenes nerviosos
del sistema circulatorio y crisis psico-fisiológicas
entre la pubertad y la menopausia, cardiopatías y angina
de pecho.
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Eros es un
psico-pompo, es decir un
intermediario entre el deseo y el objeto, en
este caso el objeto es Dios, que es un sustituto
del padre (o del hombre en general), pero es
también algo que está más allá
de lo genital
mientras que no puede evitar darse
de bruces con lo fálico.
Ensayo Divinidad o
neurosis.
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Teresa se siente
llevada al infierno por el propio Demonio, para expertos neurólogos,
"alucinaciones que llegan por el hemicampo izquierdo;
el doctor García-Albea, jefe de Neurología del
Hospital Príncipe de Asturias, lo atribuye a epilepsia
no congénita, por cisticercosis, muy abundante en España,
causada por la solitaria del cerdo (Teresa de Jesús,
una ilustre epiléptica).
De 24 años sufre un raro paroxismo que no puede sanar
una curandera, queda como muerta por 4 días, posible
ataque cataléptico, con inmovilidad y casi nulos signos
vitales como la respiración y el pulso cardiaco. Su hálito
no empaña un espejo que le ponen delante, recibe la extremaunción,
corre el rumor de su muerte, le ponen cera derretida en los
ojos, la amortajan y comienza el funeral. Su padre no claudica
y de rodillas dice: Esta hija no es para enterrar.
Despierta entre delirios, pidiendo confesión y comunión.
Ella narra: La lengua hecha pedazos de mordida; la garganta,
de no haver pasado nada y de la gran flaqueza que me ahogava,
que aún el agua no podía pasar; toda me parecía
estava descoyuntada; con grandísimo desatino en la cabeza:
toda encogida, hecha un ovillo, sin poderme menear ni pie ni
mano ni cabeza, más que si estuviera muerta. De
esto proviene la tafiofovia, miedo al enterramiento en vida.
Algunos interpretan el cuadro como neurosis histérica,
regresión a conflictos psíquicos de la infancia.
La lengua hecha pedazos de mordida parece que se
debió a crisis convulsivas en estado comatoso. Como si
fuera poco, en 1577 sufre Teresa la parálisis del brazo
izquierdo que se rompe al caer por una escalera.
Levitación amorosa
La herida o estigma del corazón de Teresa, interpretada
piadosamente como el dardo con que el ángel la traspasó
en la Transverberación, y plasmada por Bernini
en El éxtasis de Santa Teresa ", para Roberto
Novoa-Santos, famoso médico-patólogo español,
pudo ser la cicatriz de un infarto agudo de miocardio. Por otra
parte, el catedrático emérito de Psiquiatría
y Psicología Médica de la Universidad Complutense
de Madrid, Francisco Alonso Fernández (Estigmas,
levitaciones y éxtasis), conceptúa que no
está acreditada la levitación de Santa Teresa,
San Francisco de Asís y demás místicos.
Según la tradición, en 1573 levitan juntos Santa
Teresa y San Juan de la Cruz.. |
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Si en medio
de las adversidades
persevera el corazón con serenidad, con gozo
y con paz, esto es amor.
Santa Teresa de Jesús
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Otra vez, el éxtasis sorprende a Teresa en la cocina
del convento, con la sartén en la mano. La Madre ordena
a las monjas que tiren de su hábito cuando la vean
elevarse o se arroja al suelo para no levitar. La compleja
patología de Teresa se intensifica con el frío
intenso de Ávila y los rigores climáticos de
otros lugares, con los alérgenos de olivo y ciprés
del convento, y con los castigos que se auto-inflige con cilicios
y zarzos.
María José Blanco opina: Que las vivencias
de Santa Teresa tenían un tinte sexual o libidinal
no cabe duda, sólo hay que ver que decía haber
tenido ayuda de María Magdalena cuando se sintió
arrobada delante de un cuadro de la Pasión del Señor,
pero advierte que eso no significa necesariamente que el éxtasis
sea un orgasmo.
El ensayo ¿Divinidad o neurosis? (revista
Neurociencia-neurocultura), afirma: Eros
es un psico-pompo, es decir un intermediario entre el deseo
y el objeto, en este caso el objeto es Dios, que es un sustituto
del padre (o del hombre en general), pero es también
algo que está más allá de lo genital
mientras que no puede evitar darse de bruces con lo fálico.
Para el gran Charcot, Teresa de Jesús es une
grand hystérique. Alberto Campos advierte que
pese a todo, no se descarta la hipótesis de un componente
sobrenatural.
Tan dura existencia podría resumirse en esta frase
de la santa: La vida es una mala noche en una mala posada.
Pero con su vida valiente y su muerte liberadora, Teresa de
Jesús ratifica otro pensamiento: Si en medio
de las adversidades persevera el corazón con serenidad,
con gozo y con paz, esto es amor .
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¡Cuan
triste es, Dios mío,
la vida sin ti!: Santa Teresa de Jesús |
| Santa Teresa de Jesús
nunca se creyó nacida para la poesía, pero la
poesía mística no existe sin ella. Sin pretenderlo,
la santa de Ávila se convirtió en paradigma de
la literatura mística del Siglo de Oro. |
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Alberto Campos, uno de su
biógrafos, indica que si de un recurso literario
específico hay que hablar a la hora de analizar el
estilo de Teresa de Jesús, éste es el empleo
de las imágenes como vehículo de expresión,
sacadas de la Madre Naturaleza, nexo entre lo divino y lo
humano. Agrega: Desdeña Teresa por principio
el recurso a las voces cultas, (
) las desnuda de su
presunto cultismo al reconvertirlas al lenguaje popular, (
)
escribía como hablaba, y de hecho hablaba y escribía
como lo hacía el pueblo del siglo XVI, en ella
predominan los sustantivos sobre los adjetivos, y abunda en
vulgarismos, vocablos inexistentes y arcaísmos.
En vez de iglesia dice ilesia, relisión
por religión, demoño por demonio,
perlado por prelado, vía por
veía, iprócrita por hipócrita.
Fray Luis de León, editor de Teresa y depurado poeta,
dice que pese a las anomalías gramaticales, ella era
la misma elegancia. Para el novelista Juan Valera (Pepita
Jimenez), no es el estilo, no es la fantasía,
no es la virtud de la palabra lo que nos persuade, sino la
sincera e irresistible aparición de la verdad en la
palabra misma.
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Santa Teresa de Jesús,
Peter Paul Rubens, 1644.
Kunsthistorisches Museum. Viena, Austria.
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Misticismo barroco
Dámaso Chicharro, catedrático de la
Universidad de Jaén, España, conceptúa:
Es su sentimiento de la humanidad de Cristo el verdadero
tema recurrente en toda su literatura, pues Teresa no podía
entender a Cristo sino como hombre con quien comunicarse.
Este afán de comunicación es una nota propia
del Barroco, junto con su actitud mística ante
la naturaleza y anota que esta propensión a lo
natural y vívido se observa ya en los ascéticos
medievales, pero con diferencia de tono absoluta, y
señala su influjo sobre escritores barrocos. Teresa,
dice, no se emociona ante el paisaje natural sino ante
los sucesos que en su marco se producen, su prosa y
su poesía apenas sí aluden al paisaje, al contrario
del estilo renacentista. Sólo una vez, en Andalucía,
vibra ante un día primaveral: El pre-barroco
teresiano adquiere así una dimensión netamente
andaluza.
Obras capitales en prosa de la mística abulense son:
Libro de la Vida, autobiografía por excelencia,
experiencias místicas y compendio de su doctrina espiritual
editado por Fray Luis de Granada. Cuentas de conciencia
completa sus testimonios autobiográficos. Las
moradas o castillo interior -con notoria influencia
de su alma gemela, San Juan de la Cruz- alcanza la mayor profundidad
como testamento espiritual; describe 7 celdas o compartimientos
del alma a través de las cuales se logra la unión
con Dios. El Papa León XIII lo califica monumento
de la teología mística y nuevo Apocalipsis
del Amor. En las Moradas sétimas,
Teresa define la fusión divina del alma: Digamos
que sea la unión como si dos velas de cera se juntasen
en estremo que toda luz fuese una, u que el pabilo y la luz
y la cera es todo uno (
) Acá es como si cayendo
agua del cielo en un río u fuente, adonde queda hecho
todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cuál
es el agua del río u lo que cayó del cielo.
Camino de perfección comparte este espíritu.
Meditaciones sobre los Cantares, llamado por Teresa
Mis meditaciones, conocido como Conceptos
del amor de Dios. Exclamaciones, publicado
por Fray Luis de León; Libro de las Constituciones,
regla teresiana para sus conventos, compendia su obra reformadora.
Libro de las Fundaciones relata la creación
de monasterios. Visitas de las descalzas, manual
operativo para supervisión conventual, Avisos,
Epistolario recoge unas 500 cartas que se conservan
de las 15.000 que escribió Santa Teresa. Desafío
espiritual, especie de entretenimiento literario, junto
con Vejamen. Sus abundantes Poesías, florilegio
sin par del verso místico, son una catarsis para sus
dolores y angustias.
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Santa Teresa de Jesús
nunca
se creyónacida para la poesía, pero la poesía
mística no existe sin ella. Sin pretenderlo, la
santa de Ávila se convirtió en paradigma de
la literatura mística del Siglo de Oro.
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Denis O Quirós
Leyva ve en la poesía mística de Teresa de Ávila
la superación del logo-centrismo, que cambia
la oposición de términos por su unidad esencial.
La muerte se transforma en vida, la prisión en libertad,
la pobreza material en riqueza espiritual, el placer en dolor
y el dolor en placer. La Madre de Ávila expresa: "El
que llaman de pobreza / si se guarda con pureza / está
lleno de riqueza"; o, "Si el padecer con amor / puede
dar tan gran deleite / ¡Que gozo nos dará el verte!.
Su manantial místico inunda la poesía española
y mundial. Laura Montoya, la santa colombiana, sigue su vena
mística y retoma sus conocidos versos: Toda de
Él penetrada / sin el ser que en Él perdí,
/ vivo sin vivir en mí, / y de tal modo me posee, que
a veces si Es o soy no lo sé, / que todo con Él
confundí. Vivo sin vivir en mí
es ejemplo clásico de la poesía teresiana (Ver
Ocioso lector).
Poetisa y reformadora
En Teresa no hay muro entre la literatura y la obra
fundacional y reformadora. Su vivencia de Dios entraña
la actitud mística; de ella deviene la necesidad de reformar
la Orden Carmelita, creando Los Descalzos con 20 monasterios.
Y la escritura en prosa y verso es registro notarial de su vida
interior y su labor social, no la misión esencial de
esa vida.
A tono con el iluminismo que profesa, la Madre Teresa basa su
reforma en la espiritualidad, oración mental, la ascesis
y el trabajo constante. Enemiga de la penitencia excesiva, exhorta
a sus monjas: Estas virtudes grandes, hermanas mías,
querría yo fuere nuestro estudio y penitencia, que en
otras asperezas, aunque son buenas, ya sabéis os voy
a la mano cuando son demasiadas. Les inculca nobleza de
corazón, docilidad y sentido de adaptación, no
admite afectación ni melindres, y promueve su formación
intelectual para conocer la doctrina católica; por ello
no admite chicas analfabetas, excluyendo a muchas campesinas
y prefiriendo a mujeres de la burguesía conversa. Así
cimenta una defensa colectiva frente al embate oscurantista
de la Inquisición, ante la cual la acusa la intrigante
Princesa de Éboli. Su Libro de la Vida sale
avante tras 12 años de duro examen de los inquisidores,
quienes develan la malignidad de las acusaciones.
A Santa Teresa de Ávila atribuyen la famosa redondilla
que también figura como de Catalina de Jesús o
cantar anónimo del siglo XVII: Ven muerte tan escondida,
/ que no te sienta venir, / porque el placer de morir / no me
vuelva a dar la vida. Su deseo se cumple el 4 de octubre
de 1582 cuando muere en Alba de Tormes. Varias opiniones médicas
señalan como causa de la muerte de Teresa de Ahumada
un cáncer de cuello uterino con gran flujo de sangre
o metrorragia; entonces era frecuente el adenocarcinoma de endometrio,
tumor propio de mujeres vírgenes, generalmente obesas
como Santa Teresa.
Atrás deja su luminosa estela de amor y poesía,
y a sus claustros sembrados de santidad, pero en siglos posteriores
muchos de ellos no escapan a la traición de su testamento
espiritual. Aún en vida, ve con tristeza cómo
en su Casa Madre de San José de Ávila se quebranta
la abstinencia de carne, y lo peor: el voto de pobreza. En 1617
se la declara Patrona de España, canonizada en 1622 y
proclamada en 1970 Doctora de la Iglesia. 500 años después,
resuena la oración de Teresa: ¡Cuan triste
es, Dios mío, la vida sin ti! |
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Ocioso
lector
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Vivo sin vivir en mí
(Fragmento) |
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Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
Sobre aquellas palabras
"Dilectus meus mihi"
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
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Santa Teresa, de Francois
Gérard, 1827 |
que es mi Amado
para mí,
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado. |
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Medicina
en la pintura
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El doctor, de Sir
Luke Fildes (1891)
Isabel
Cristina Rueda Calle Comunicadora Corporativa - elpulso@elhospital.org.co |
| Sir Luke Fildes (Liverpool,
1844), uno de los artistas más famosos y controvertidos
de la época victoriana, tras estudiar arte en famosas
instituciones y ser ilustrador, a sus 26 años su cómoda
posición económica le permitió abandonar
la faceta de dibujante para dedicarse a la pintura al óleo,
llegando a ser uno de los pintores mejor pagos de Gran Bretaña,
pintando, entre otros, los rostros de miembros de la familia
real británica. |
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Sir Henry Tate le
encargó el óleo El doctor. La familia
Tate consiguió una considerable fortuna y dedicó
buena parte de sus ingresos a la filantropía y al coleccionismo
de arte. La obra encargada debía tener como fondo un
tema social que reflejara, a los ojos de la adinerada sociedad
británica de fines del siglo XIX, las duras condiciones
de vida que padecían los sectores de la población
más desfavorecidos, y que con su sufrimiento y trabajo
extenuante contribuían a que Gran Bretaña estuviese
a la cabeza del mundo. |
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Luke pasó por el doloroso trance de ver sufrir y fallecer
por tuberculosis a su hijo de solo un año de edad,
el día de Navidad. Por eso probablemente eligió
esta escena que presenta una estancia pequeña, con
la sala transformada momentáneamente buscando un espacio
para acomodar una niña enferma a la que se instaló
en un improvisado lecho. La escasa luz natural entra en la
habitación por una pequeña ventana en el ángulo
superior derecho. El espacio y el mobiliario revelan la pobreza
de la familia. Lo disponible en la vivienda se puso al servicio
del ser indefenso y las tareas cotidianas se interrumpieron
ante la enfermedad. La sensación de poco espacio se
acentúa al ocupar las dos sillas, sobre las que reposa
el cuerpo de la niña y que hacen del lecho, el centro
de la composición. La débil luz natural obligó
al médico a reorientar la pantalla de la lámpara
para apreciar el más leve indicio de cambio en el rostro
de la niña.
Este primer plano se completa con la figura del médico,
que muestra su preocupación por el bienestar de la
pequeña. En un segundo plano, el padre con su postura
comunica su preocupación por la enferma y por consolar
la madre, mientras su mirada está pendiente del doctor,
conocedor de la ciencia y portador de la esperanza. La madre
aparece abatida, oculta el rostro, mientras junta sus manos
en actitud implorante.
El contraste entre el porte del médico, impecablemente
vestido, y la humildad y el desorden de la habitación
es evidente, sin embargo esto no distancia al médico
de su paciente: sin prejuicios se le acerca e intenta comprender
su entorno, su enfermedad y sufrimiento, con el fin de ofrecerle
alivio o consuelo.
Referencia:
Http://www.tate.org.uk/art/artworks/fildes-the-doctor-n01522/text-summary
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