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La dramática cartera hospitalaria sigue ahí,
pendiendo como espada de Damocles, sobre el futuro inmediato
de los hospitales y clínicas del país. Desde
los orígenes del sistema de salud creado por la Ley
100/93 se arraigó una cultura del no pago
de las EPS a los prestadores; esa cultura se desarrolló
de tal forma, que hoy la cartera alcanza cifras astronómicas,
entre $7 y $12 billones mal contados, cifras de dudoso recaudo.
Todo el mundo se pronuncia ante esa mala manía del
no pago institucionalizado por las EPS. Y mientras, las
clínicas y hospitales siempre han estado ahí,
son los que ponen la cara al paciente para brindarle el
servicio que necesita. Si el sistema de salud no se ha derrumbado,
ha sido por la resistencia, persistencia y resiliencia de
los prestadores, que llegan incluso a apalancar la sobrevivencia
de las EPS.
La realidad cruda deja al descubierto el no pago de la cartera
vieja y el envejecimiento de la nueva (entidades responsables
del pago parecieron adoptar aquello de que las deudas
viejas no se pagan y las nuevas se dejan envejecer):
ese es el principal problema del sistema de salud y de no
resolverse hará explotar el sistema de salud al gobierno.
Sea quién sea elegido Presidente de Colombia, si
no resuelve el problema de la cartera hospitalaria, el sistema
de salud le estallará en las manos. Los candidatos
proponen distintos caminos para el pago de esa altísima
deuda, con fórmulas lógicas; no siempre realistas
en términos de viabilidad política, no siempre
creíbles revisando antecedentes. Las propuestas parecen
sensatas, pero se repite el sofisma que se volvió
síndrome del candidato: se prometen grandes y nobles
cosas, más no se explica cómo lograrlas.
El Presidente-candidato Juan Manuel Santos propone aclarar
cuentas, saldarlas y fortalecer la vigilancia financiera
a las aseguradoras. ¿Y por qué no logró
estos sanos propósitos en 4 años de mandato?
Hoy las cuentas, más enredadas no pueden estar. La
vigilancia compete a entes de control antes que al Ejecutivo,
pero éste como responsable primordial de la rectoría
del sistema es el líder de la acción interinstitucional
y el que marca la pauta en la autoridad que exige un sistema
racional, eficaz y ordenado.
Óscar Iván Zuluaga propone la conciliación
de toda la cartera de las IPS; el gobierno de Uribe al cual
perteneció el doctor Zuluaga, no indujo a las EPS
a ser mala-pagas, pero sí sentó
las bases para que operaran y abusaran con dineros públicos.
¿Acaso puso orden en la cartera siendo ministro de
Hacienda? El doctor Peñalosa propone un sistema contable
centralizado y claro, algo justo y sensato, pero no menciona
los mecanismos que ordenarán las finanzas e impedirán
que las EPS confundan al Estado con sus cuentas, sobre todo
cuando acepta que las EPS deben seguir, y son las primeras
-aunque no las únicas- responsables de la catástrofe
financiera de prestadores.
La doctora Clara López pretende acabar la intermediación
financiera, sacar a las EPS del sistema de salud. Y decir
que no aceptará la condonación de las deudas
es apenas razonable; pero esa afirmación casi sobra:
¿quién acepta un despropósito como
condonar una deuda de $5 billones o más? Ahora se
puede decretar de un plumazo la salida de las aseguradoras;
pero hasta hoy, no se conoce declaración sobre el
mecanismo para que paguen lo que deben antes de irse. Y
la doctora Marta Lucía Ramírez propone generar
nuevos recursos para la salud; ello no merece comentario:
todo el mundo sabe que el problema no es de más o
menos plata, sino de pagar o no pagar.
¿Cuántas reformas incluyeron aumento de recursos
de distintas fuentes? ¿Quién puede llenar
un barril sin fondo como las finanzas de la salud, corroídas
-como todo el erario público- por el comején
de la corrupción? Muy buenas las propuestas; pero,
¿cuál dice la verdad o la mentira más
chiquita? ¿Por quién le conviene votar a los
pobres hospitales?
Reales soluciones al más grave problema del sistema
de salud, deben incluir: O eliminar las EPS y la intermediación,
pero resolviendo quién pagará las deudas viejas
y nuevas de esas EPS. O implantar un mecanismo de presión
que obligue a las EPS a pagar oportunamente y a responder
por las deudas viejas. Aumentar la compra de cartera a hospitales
públicos y privados, tanto en el contributivo como
en el subsidiado. Establecer sanciones fuertes y efectivas
a las EPS que no paguen a las IPS. Y resolver quién
pagará deudas de EPS en situación especial
(liquidación, intervención o vigilancia especial).
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