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| Reflexión
del mes |
Vivimos
en un mundo terrible.
Una
mitad del planeta muere de hambre
y la otra de
colesterol. |
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Jesús Quintero (1947).
Jesús Rodríguez Quintero es periodista, director y
presentador de programas de radio y televisión español,
conocido en los medios como Jesús Quintero..
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Necesaria
armonización
del consentimiento informado
y la libertad de terapia
Darío Arcila Arenas, Abogado
Profesor Titular (J) Universidad de Antioquia Miembro del
Comité de Ética Hospital Universitario de San Vicente Fundación
- elpulso@elhospital.org.co
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En los últimos
años y bajo la influencia de la individualista bioética
norteamericana, en la práctica médica del llamado
mundo occidental y en nuestro país dentro
del sistema institucional de salud inscrito en la economía
de mercado, la relación clínica y el acto médico
vienen siendo objeto de interferencias, la autonomía
del paciente sobrevalorada y, correlativamente, subvalorada
la autonomía del médico.
Esta preocupante tendencia se expresa en equivocadas políticas
de empresas del sistema, en indebidos comportamientos de pacientes
y familiares, y en abusivas decisiones de jueces de tutela,
con las cuales se limita y hasta se desconoce el derecho del
médico a la libertad de terapia, invocando
la eficiencia y el respeto por el derecho del paciente al
consentimiento informado o argumentando su protección.
En este artículo, con sumo respeto por opiniones divergentes,
me propongo cuestionar dicha tendencia y esbozar una propuesta
de solución al conflicto entre esos esenciales derechos.
Algunas expresiones de dicha
tendencia y su cuestionamiento
En nuestro sistema de salud,
no es raro que los intereses económicos de aseguradoras
y prestadoras de servicios se expresen en políticas
y comportamientos de sus empleados, que con un criterio economicista
privilegian la cobertura y el lucro -no la calidad en la prestación
de servicios- y limitan la libertad de terapia. Por ello no
resulta extraño que haya divergencia entre la que sería
para el médico la mejor indicación de medicamentos
o procedimientos diagnósticos o terapéuticos,
y lo que le permiten las restricciones impuestas por esas
empresas. Esta situación es bien conocida y sufrida
por los médicos. |
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A la
par de esas restricciones, cada día es más frecuente
que pacientes y familiares, especialmente de nivel socio-económico
medio y alto, tengan indebidos comportamientos, como presentarse
a consulta con el diagnóstico de su enfermedad y con
lista de exámenes clínicos y/o de medicamentos
para su tratamiento, pidiendo al médico que los ordene;
o, exigir, amenazando con demandas judiciales, la iniciación
o el mantenimiento de procedimientos inútiles, o la
sustitución de idóneos procedimientos convencionales
indicados por otros de avanzada tecnología y más
costosos pero de idénticos posibles resultados, o la
práctica de procedimientos meramente estéticos,
y conductas semejantes.
Y no faltan jueces que, accediendo a acciones de tutela, ordenan
la práctica de procedimientos como los referidos, no
indicados pero exigidos por los pacientes, otorgando a la
autonomía y al consentimiento informado un indebido
alcance y sustituyendo abusivamente a los médicos tratantes.
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A este respecto,
el ex-magistrado de la Corte Constitucional, José Gregorio
Hernández, en salvamento de voto a la Sentencia T-401
de 1993, sostuvo que conceder la tutela para modificar
un tratamiento médico normalmente admitido en el campo
científico, representa una indebida intromisión
del juez en campos que desconoce y
constituye un flagrante
desconocimiento de la autonomía profesional
.
Las mencionadas políticas, comportamientos y decisiones
judiciales, atentan contra la dignidad y la libertad de terapia
de los médicos, influyen negativamente en la prestación
de los servicios y en el ambiente laboral, ponen en peligro
la vida y la salud de los pacientes, vulneran el principio
fundamental de nuestro Estado de la prevalencia del
interés general sobre el particular, y olvidan
que la equidad y la justicia distributiva deben primar al
disponerse de los limitados recursos de nuestro sistema de
salud.
Conflicto entre consentimiento informado
y libertad de terapia
Dentro de la cuestionada tendencia, este conflicto
se resuelve entendiendo el consentimiento informado como la
facultad del paciente de decidir el procedimiento o intervención
que se le debe practicar y de imponer su realización
al médico tratante o a la institución de salud,
así sea ineficaz, inútil o injustificadamente
mucho más costoso que el indicado, y despojando al
médico de su esencial libertad de terapia, dando a
aquel derecho un alcance que ni ética ni jurídicamente
puede tener.
Esta tendencia encuentra algún respaldo doctrinal en
el extranjero. Así, por ejemplo, el jurista español
Mirentxu Corcoy Bidasolo, considera que una nueva relación
entre el facultativo y el paciente, que pasa de una situación
de jerarquía del primero a una situación de
igualdad entre ambos
, ha supuesto que, prácticamente,
la libertad de terapia pase de ser un derecho del facultativo
a un derecho del paciente
El derecho del paciente a
la elección de terapia tiene como consecuencia lógica
el derecho a negarse al tratamiento cuando, por algún
motivo racional, los facultativos se nieguen a aplicar la
terapia elegida
(1).
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El derecho
a la auto-determinación
no conduce a satisfacer los caprichos
de los pacientes, imponiendo sus criterios
por encima de los criterios especializados
.
José Gregorio Hernández,
ex magistrado.
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Pero si la libertad
de terapia es necesaria para que el médico pueda aplicar
sus conocimientos, su técnica y su experiencia, y mediante
el procedimiento indicado procure alcanzar alguno de los objetivos
de la medicina en beneficio del paciente, dicha solución
al referido conflicto, que maximiza la autonomía del
paciente y minimiza la del médico, resulta absurda,
porque atribuye al paciente una facultad que no está
capacitado para ejercer y priva al médico de su ejercicio
que es de la esencia de su profesión y garantía
de la seguridad del paciente.
Esto implica un gravísimo peligro para la salud y la
vida del paciente, y desdibuja la responsabilidad moral y
legal del médico por las consecuencias negativas de
la realización del procedimiento que le fuere impuesto
por el paciente, su familia o un juez de tutela, pues aquélla
no existe sin libertad. Además, ningún sistema
de salud tendría la capacidad de garantizar a sus afiliados
y beneficiarios, la libertad positiva de elegir los procedimientos
diagnósticos y terapéuticos, sin comprometer
gravemente su sostenibilidad y viabilidad.
Hacia la armonización del consentimiento informado
y la libertad de terapia
El médico James F. Drane en el libro El cuidado
del enfermo terminal, editado por la OPS en 1999, sostiene
que el consentimiento informado no significa que los
pacientes puedan escoger lo que quieran, ya que lo que deseen
podría no ser indicado o no estar contemplado en el
programa de la institución. Los médicos tienen
su propio criterio de lo que constituye una ayuda real y no
pueden respetar éticamente la preferencia del paciente
por una intervención que consideran inútil y
dañina.
Y en el antes citado salvamento de voto, se afirma que el
derecho a la auto-determinación
no conduce a
satisfacer los caprichos de los pacientes, imponiendo sus
criterios por encima de los criterios especializados
.
De acuerdo con lo expuesto, considero que la solución
al referido conflicto debe ser respetar al profesional o equipo
médico tratante, la libertad positiva de indicar o
prescribir el procedimiento que considera mejor para el paciente,
de acuerdo con las posibilidades técnicas y económicas
de nuestro sistema de salud y el principio de justicia; y
al paciente, adecuadamente informado, la libertad negativa
de rechazar o no autorizar el procedimiento indicado, si lo
considera contrario a sus intereses, prioridades, principios
o valores, sin perjuicio de la libertad positiva de autorizarlo
si está de acuerdo con su realización.
En esta solución, que procuraré desarrollar
en otra oportunidad, se armonizan esos dos esenciales derechos
sin vulnerar ninguno, dándoles una interpretación
racional y equitativa.
1. (Bioética, derecho y sociedad, Ed. Trotta, Madrid,
España, 1998, págs. l09, 110 y116). |
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Bioética
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Hay
sólidos críticos de las teorías económicas
que dan primacía absoluta a la libertad del mercado,
las conocidas teorías del Estado mínimo,
máximo mercado. A aquella ideología economicista,
seriamente cuestionada por autores como Stiglitz, perteneció
la generación de funcionarios que impuso en Colombia
la comprensión jurídica de la salud como un negocio
lucrativo. Con la normatividad de 1993 se generó un marco
legal que terminó por convertir al paciente en cliente
y al profesional de la salud en un proveedor de servicios y
tecnología, dentro de una dinámica de frío
e impersonal mercado. |
Es
este el error antropológico y político que permitió
los extremos de inequidad y de injusticia que hoy se viven:
hospitales asfixiados financieramente, intermediarios que ejercen
un rígido control del gasto sanitario, médicos
cancerberos (gatekeeper) que tratan de sobrevivir
en un despiadado mercado de compra-venta de tecnologías,
disolviéndose el principio de la confianza y de la relación
médico-paciente que milenariamente se encuentra en la
esencia del acto terapéutico.
En un artículo de la Academia Nacional de Medicina de
Colombia (Medicina vol. 23 No. 3 (57) pp. 169-178), se enunciaban
algunos hechos que hoy -y por años- son motivo de debate
y acalorada discusión: existe una asimetría en
la asignación jurídica de poderes y responsabilidades;
altos costos administrativos encarecen el proceso de la atención
sanitaria. Por décadas se habla de costos, facturación,
ingresos, auditorías. Se habla insistentemente de dinero
cuando se tocan los temas sensibles de salud en la comunidad.
El resultado -ya se dieron cifras en Colombia- es la consolidación
de gigantescos monopolios de poder, los fabulosos rendimientos
monetarios de la intermediación, el fenómeno de
la selección adversa y los descarados ejemplos de corrupción
que se esconden tras todo esto. Años atrás se
comentaba que un funcionario de alto rango de una de las HMO
(Organización de Mantenimiento de la Salud) de Estados
Unidos se embolsilló en sólo un año US$20
millones de dólares, sin contar sus participaciones en
acciones y bonos. Algo digno del caso Enron tan crudamente criticado
y descrito por Stiglitz. Aún no se plantea el verdadero
escenario de criterios teóricos y políticos que
debiera marcar las pautas para corregir el rumbo, en un área
que evidentemente va mal para nuestra patria.
Se podría proponer, acudiendo a los criterios de la justicia
(en sus componentes conmutativo y distributivo), que la responsabilidad
social del Estado debe estar al servicio de sus asociados, no
al de algunos de ellos, los más poderosos. La razón
de ser del Estado y de las leyes tiene que ver con la promoción
y cuidado de los ciudadanos. Cuando el Estado se ha convertido
en el catalizador que permitió una legislación
que favoreció a poderosas minorías y dejó
por fuera a millones de personas en condición de fragilidad,
se han generado las semillas para la debacle que vivimos.
El asunto es tan serio y de tan largos alcances, que se debe
corregir de modo estructural. Es algo tan importante y tan esencial
para la Nación, que constituiría un imperdonable
error continuar permitiendo lo que hasta ahora sucede: se dejó
la capacidad de decisión en manos de tecnólogos
en ideologías utilitaristas, egresados de facultades
de economía que intoxicados por sus corrientes ideológicas
de preferencia o de interés momentáneo, se creyeron
idóneos para decidir que la salud es un negocio de carácter
lucrativo.
Vale la pena que la opinión pública se tome la
molestia de escuchar conceptos y recomendaciones sobre temas
sanitarios a médicos, no solamente a tecnócratas
aficionados al poder y a la figuración políticos.
Ellos trataron de imponer la quimera de un mercado libre, sin
frenos: la Nación vive dolorosamente las consecuencias
de este error. |
| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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El
secuestro y la
desaparición en Colombia.
Secuestran los unos, secuestran
y desaparecen los otros.
Las bandas secuestran para
venderlos a los unos y a los otros.
Y para la liberación, no se ponen
de acuerdo ni los unos
ni los otros con los de más allá
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