MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 333 JUNIO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Hablar sobre ansiedad, estrés y trastornos del sueño se ha convertido en una conversación cotidiana para muchos colombianos en los últimos años. Las situaciones psicosociales complejas, los contextos socioculturales con dinámicas que cambian constantemente y el agotamiento emocional han desencadenado un impacto importante en la salud mental de la población, convirtiéndose, a su vez, en una preocupación constante para la salud pública y los entes reguladores.
Desde la psicología clínica y organizacional, la psicóloga y docente universitaria Verónica Aristizábal refiere que el aumento en el deterioro de la salud mental es evidente: “8 de cada 10 pacientes que atiendo tienen que ver con problemas de ansiedad” y, según explica, una gran parte de los casos se interrelaciona con problemas del sueño, síntomas depresivos y agotamiento emocional, impactando el bienestar integral de quien lo padece y afectando esferas importantes de su vida, como el aspecto social, familiar y laboral.
Esta problemática no se ubica solamente en los consultorios psicológicos. Didier Alonso Pulgarín, coordinador de Equipos Básicos de Salud, manifiesta que desde el programa también se ha evidenciado el aumento de trastornos de salud mental en territorio, con prevalencia en poblaciones vulnerables, como adultos mayores, jóvenes con consumo de sustancias psicoactivas y personas que presentan aislamiento social o algún tipo de abandono.
Los profesionales entrevistados coinciden en que “hay un contexto social que está impactando emocionalmente a las personas”. El declive de la salud mental de la población está estrechamente relacionado con factores asociados a lo económico y lo social, sobre todo respecto a la precariedad laboral, la soledad o el abandono, las situaciones de pobreza y las afectaciones en la salud física, todos correlacionados con la supervivencia de las personas en su vida cotidiana.
Actualmente, situaciones como las alteraciones del sueño y el agotamiento físico y emocional suelen normalizarse; pero, a su vez, se han convertido en señales de alerta que, con el tiempo, se manifiestan en síntomas frecuentes de deterioro. El día a día de la gran mayoría de los colombianos suele estar atravesado por las responsabilidades laborales y familiares, lo cual conlleva a que frecuentemente no se perciban o se omitan los llamados del cuerpo cuando algo no va del todo bien, ya que “seguimos siendo una sociedad que valida mucho el rendimiento, pero poco el sufrimiento emocional”, según argumentó Aristizábal.
En un país como Colombia, donde la dinámica laboral suele asociarse con la hiperexigencia y la hiperproductividad, trastornos como la ansiedad y la depresión pueden tener una tendencia más alta a presentarse debido a la normalización de los síntomas que, generalmente, cuando son percibidos por quien los padece, desencadenan situaciones de crisis o colapso emocional.
Los especialistas manifiestan que, si bien ha habido cierta mejoría en el abordaje de la salud mental por parte del sistema de salud colombiano en el último tiempo, es sumamente importante sostener esa curva de mejoría, ya que aún se siguen presentando situaciones que interfieren con la correcta prestación del servicio a quienes lo necesitan, como la demora en la asignación de citas por parte de las EPS, la intermitencia en los procesos de atención y el estigma social que aún prevalece en una pequeña parte de la población, que sigue asociando ir al psicólogo o al psiquiatra con una connotación negativa.
Otro aspecto que sigue representando un obstáculo para prestar servicios de atención en salud mental es la dificultad de acceso a zonas rurales, teniendo en cuenta también las situaciones de salud física que pueden impedir a las personas desplazarse a los puntos de atención por sus propios medios.
Para hacer frente al panorama, el Gobierno nacional ha implementado estrategias como las Rutas Integrales de Atención en Salud (RIAS) y los Equipos Básicos de Salud, que se ocupan de brindar atención integral a los colombianos, tratando de cubrir a la mayor parte de la población e impactando positivamente desde la atención primaria y la educación.
Siguiendo esa misma línea, los profesionales también comparten opiniones respecto a que se deben continuar fortaleciendo las estrategias preventivas y educativas dentro de las comunidades, ya que, como refiere Verónica Aristizábal, “la salud mental no debería aparecer solo cuando una persona ya colapsa”, sino que debe trabajarse también desde el autocuidado y el acceso a información adecuada que permita detectar síntomas que puedan ser intervenidos a tiempo y fomentar hábitos saludables de higiene emocional.
La construcción social en torno a la salud mental es una corresponsabilidad tanto de los entes públicos como de las familias, los centros educativos y las principales instituciones donde se desarrolla la cotidianidad de cada persona.
La salud mental de los colombianos dejó de concebirse como una situación individual y pasó a ser un reflejo del contexto socioeconómico y sociocultural que atraviesa el país, el cual, a su vez, permea la emocionalidad de las personas y su bienestar. Por tal motivo, es necesario que, mediante la construcción social, se continúen fomentando entornos preventivos, herramientas y educación pertinente con el objetivo de preservar el bienestar colectivo.
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