MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 274 JULIO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388
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Es un hecho que durante la pandemia se descuidó la salud en general de los colombianos, si bien las medidas de bioseguridad y sanitarias implementadas para frenar el avance del coronavirus sirvieron para reducir las enfermedades respiratorias estacionales, las enfermedades crónicas y las situaciones de salud que requieren un control médico constante, como el embarazo, se descuidaron.
Datos del Instituto Nacional de Salud (INS) muestran que la mortalidad materna en Colombia aumentó un 38,4 % en 2020 en relación con 2019, lo que implica que 414 mujeres murieron por complicaciones durante la gestación, el parto o el posparto. La hemorragia obstétrica fue la primera causa de muerte con 17,9 % de los casos, seguido de trastorno hipertensivo asociado al embarazo con 15,5 % y neumonía asociada al Sars-CoV-2 con 13,5 %.
Esta situación es preocupante, ya que podría decirse que el país perdió una década en la lucha contra la mortalidad materna, puesto que en 2020 se superaron las cifras registradas en 2012 cuando la mortalidad materna fue de 66,2 por cada 100.000 nacidos vivos; en 2020 llegó a los 66,4.
Y lo peor es que los indicadores no mejoran en 2021. De acuerdo con el boletín epidemiológico del INS de la semana 24 de este año, con corte al 19 de junio, se notificaron 283 muertes maternas, 218 corresponden a mortalidad materna temprana (ocurridas durante el embarazo, parto y hasta los 42 días de terminada la gestación), 50 tardías (ocurridas desde el día 43 hasta un año de terminada la gestación) y 15 por causas coincidentes (lesiones de causa externa). Dice el documento que: “se observa un aumento del 48,2 % en la mortalidad materna temprana respecto al 2020”.
La razón nacional preliminar de mortalidad materna para ese reporte es de 74,9 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Y lo más crítico, una mortalidad materna superior a 100 muertes por cada 100.000 nacidos vivos observada en las entidades territoriales de Santa Marta, Chocó, Magdalena, Guaviare, Buenaventura, Vichada, Casanare, Quindío, La Guajira, Risaralda y Meta.
También se observó un aumento significativo en las muertes maternas tempranas comparado con el promedio histórico en las entidades territoriales de Antioquia, Bogotá, Casanare, Córdoba, Cundinamarca, Guaviare, Magdalena, Meta, Quindío, Risaralda, Santander, Santa Marta, Valle del Cauca y Cali y disminución en la entidad territorial de Cauca.
En ese último informe se da cuenta de que en las causas de muerte materna temprana el 26,1 % corresponde a causas directas y el 26,1 % a causas indirectas. Las principales causas de muerte materna directa corresponden a trastorno hipertensivo asociado al embarazo con el 11,5 % y la hemorragia obstétrica con el 8,7 %; la principal causa de muerte indirecta es neumonía por COVID-19 con el 12,4 %. La causa en el 47 % de los casos aún está en estudio.
Un artículo en la revista científica The Lancet, publicado en marzo, revelaba que esta es una situación común en varios países del mundo, que dispararon sus cifras de mortalidad materna durante la pandemia, y no se limitó a países pobres o en vías de desarrollo. Según el análisis el fenómeno se explica en parte en que las mujeres tenían miedo de adquirir el coronavirus en ambientes hospitalarios y no acudieron con regularidad a sus controles prenatales, una idea erróneamente difundida desde mensajes estatales que invitaban a quedarse en la casa y a mantenerse confinado.
Los autores también apuntaban a que muchos profesionales de la salud fueron reasignados a otras labores durante los picos de las pandemias y la emergencia dejó al margen la atención a las gestantes. “Está claro que las personas embarazadas y los bebés han sufrido daños durante la pandemia y la comunidad académica, los proveedores de atención médica y los responsables de la formulación de políticas tienen la responsabilidad de aprender de ello”, se lee en el reporte.
El Sivigila y el Dane reportan que entre enero y diciembre de los años 2019 y 2020 se presentaron 25 y 34 muertes maternas en el departamento de Antioquia, respectivamente. Lo que lleva a unas tasas de mortalidad de 34,2 y 46,6 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, es decir, un incremento en 36,3 % cuando se comparan ambos periodos.
La Secretaría Seccional de Salud de Antioquia reportó que al analizar los datos preliminares de 2021, se encuentra que entre enero y junio han fallecido 27 maternas lo que explica una tasa de mortalidad de 79,3 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Hecho que preocupa más si se tiene en cuenta que históricamente el segundo semestre es el que presenta mayor mortalidad.
La explicación que dan las autoridades de salud del departamento es que el aumento “inusitado” se da por dos razones: 1. La mortalidad en migrantes irregulares (en 2019 fallecieron seis; en 2020: cuatro y en 2021: dos) y 2. Relacionadas con la infección por COVID-19 (en 2020: fallecieron cuatro mujeres por infección por el Covid-19 mientras que en 2021 han fallecido presuntamente 16 maternas por esta causa).
Según el análisis de la Secretaría: “la pandemia puede explicar el aumento de la mortalidad de manera directa por las potenciales complicaciones ocasionadas por la infección en las maternas y también de manera indirecta, por múltiples razones como la dificultad para el acceso a servicios de salud por disminución en el transporte público, temor a consultar a servicios de salud, atenciones virtuales que no tienen la capacidad de reemplazar una atención presencial, noticias falsas relacionadas con las atenciones en salud, insuficiente red de atención, dificultades con las remisiones por disponibilidad de camas y/o ambulancia, transporte aéreo, etc.”.
A lo que se suman los problemas estructurales del sistema de salud que fueron también evidenciados por la pandemia, como escasez en talento humano en salud y medicamentos, así como deficiencia en los espacios físicos para la atención de los pacientes y usuarios.
Tras analizar los datos disponibles se evidencia que en Colombia, así como en el ámbito internacional, las mujeres con mayor vulnerabilidad económica y social son aquellas que están en mayor riesgo de fallecer. Es decir, las mujeres con pobre o nulo acceso a educación, ingresos económicos por debajo de la línea de pobreza, residentes en área rural, indígenas o afrodescendientes y pertenecientes al régimen subsidiado de salud son las mujeres de mayor riesgo.
Sin embargo, hay otros riesgos que no se leen tan fácilmente. Luis Jorge Hernández, profesor de la Facultad de Medicina y parte del equipo del Observatorio de Salud Pública y Epidemiología de la Universidad de los Andes, explica que la principal causa de muerte es la hemorragia y que detrás está la práctica de abortos inseguros. En sus palabras, con la llegada de la pandemia se han incrementado las barreras para que las mujeres puedan acceder a la interrupción voluntaria del embarazo, bajo las causales que autorizó la Corte Constitucional desde hace 15 años. Y es que para Hernández, la interrupción voluntaria del embarazo es una medida eficiente de salud pública: “No aumenta el número de abortos, y en definitiva disminuye la mortalidad materna”.
Para Hernández, con las barreras al acceso también disminuyeron las consultas preconcepcionales y los controles prenatales tempranos. Se presenta, además, disminución en la consejería en salud sexual y reproductiva y por eso es importante fortalecer estos programas.
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