MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 92  MAYO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Maestro
Aníbal Gil
El arte como vocación de felicidad
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
“Decidí ser pintor porque había decidido ser feliz... Cuando empecé a pintar como oficio, se me partió la vida en dos: la primera fue gestación; la segunda, realización. Sentía que pintar es amar, vivir, soñar, comunicar, y esto cotidianamente es un privilegio”. Así se ve Aníbal Gil, una vida al servicio de las artes plásticas, pionero del grabado en Antioquia, relator de la violencia y de la vida diaria, traductor de la poesía al lenguaje del pincel, del lápiz, las placas y los bronces.

“Cuando niño nunca supe qué había detrás de la montaña, pero al empezar a dibujar, a grabar, los montes se disiparon y se aplanaron las montañas; el espacio estaba dentro de mí”

NHijo de Aldemar Gil, comerciante de Donmatías y de María Villa, respiró los primeros soplos de belleza en ese norte antioqueño rico en paisajes: “Cuando niño nunca supe qué había detrás de la montaña, pero al empezar a dibujar, a grabar, los montes se disiparon y se aplanaron las montañas; el espacio estaba dentro de mí”. Hoy sigue fiel a esa visión de su oficio: “El principal disfrute de una labor artística es la realización misma de la obra. En el momento de mi trabajo tomo el beneficio espiritual, psicológico y anímico que proporciona el quehacer artístico. Pero también es importante ver cómo una forma de expresión personal llega a la comunidad”.
Peregrino de la plástica
La vida y obra de Aníbal Gil es una trashumancia por la plástica universal, su formación artística en Bellas Artes de Medellín y en la academia homónima de Florencia (Italia). Así la evoca: “Mi primera clase de pintura... ese flotar en un espacio propio; ese reír en adelante...”. Los triunfos llegan: Primer premio en pintura al fresco en Florencia, Mención honorífica en Turín. La travesía vital de Aníbal Gil lo lleva a los más importantes templos del arte de Europa, Egipto, Grecia, el medio oriente y Estados Unidos. Ese viaje por las tradiciones y vanguardias artísticas del mundo será catalizador de su estilo; esa amalgama lo vuelve un experimentador constante, artista ecléctico en el buen sentido, alquimista de las artes pictóricas y gráficas. De ese caleidoscopio dirá: “Uno ver en Egipto las pirámides, los templos y la estatuaria gigantesca, el arte de Grecia, los mosaicos bizantinos de Constantinopla, es ver un concepto de civilización, de tiempo, de historia, para entender luego los museos europeos que son figuras aisladas, personales”.
Mujer con rosa. 1990

“Grabar es escribir con sangre, una declaración de estar vivo”.

De vuelta en Colombia, su labor es múltiple. Las exposiciones empiezan en la Biblioteca Nacional de Bogotá. Luego, salones y muestras nacionales y regionales en Medellín, Cali, Pereira, Manizales, Cúcuta, Cartagena e Ibagué; inicia el grabado en las Universidades de Antioquia y Nacional, donde enseña y dirige sus institutos de artes: “Era importante, porque aquí el grabado no se tenía como expresión personal. A mi regreso a Colombia sentí la necesidad de llenar ese vacío”.
Mujeres, flores y palomas
Así como Jorge Marín Vieco es “poeta del bronce”, el maestro Aníbal Gil lo es de las mujeres, las flores y las palomas, sus motivos más recurrentes, aparte de la temática de la violencia, capítulo especial de su obra. Su producción es un entramado visual de amor, vida y muerte, una semántica integral de la realidad colombiana.
Ser excelente en una técnica es importante. Serlo en todas es grandeza. La de Gil al ganar primer premio en pintura al fresco en Italia, lo que repite en óleo y grabado en un salón de pintores antioqueños. “Me conviene alternar las técnicas, me sirve de descanso y renovación cambiar del óleo a la acuarela, por ejemplo. Dispongo de facilidad natural para todas las técnicas y de una necesidad de expresarme de distintas maneras. Mujeres, flores y palomas expresan lo poético, lo onírico, mi mundo interior. Me muevo en la vida sobre los carriles de la violencia y de lo poético, equilibro ambos temas en mi obra”.
“Para el pintor, un mural es como la continuación de sí mismo”.
Grabado: escritura con sangre
La obra gráfica del maestro Aníbal Gil, justifica su paso por el mundo. La calidad técnica y expresiva de sus aguafuertes, puntasecas, xilografías y litografías, revela vocación, madurez y asimilación de los grandes grabadores. Holanda le deja impronta: “Rembrandt despertó en mí la pasión por el dibujo y el grabado, fue como una luz en el camino”. Similar impresión le dejaron las ilustraciones y estampas religiosas de Durero. Para Gil, “grabar es escribir con sangre, una declaración de estar vivo”. Por eso plasma escenas de violencia como sus series de Masacres, Campesinos Masacrados, El Atentado, El Grito, La Cárcel, La Huérfana, Plegaria de la Mujer Desesperada, La Huída (versión paisa de la huída a Egipto), tan poéticas como sus Palomas, Caballos, Jinetes, Sueños y Mujeres como las coronadas de flores, el Pequeño Homenaje o evocación de su madre, y los autorretratos. Así vive Gil el grabado: “Nunca me siento tan niño y tan desprovisto de prejuicios, como cuando estoy grabando. Una placa metálica, cuando la grabo, tiene para mí la profundidad de un océano”.
¿Quiere usted la Paz? 1972
Acuarela: agua, luz, color, emoción
Aníbal Gil nació en febrero. Su signo, Piscis, su elemento, el agua. Explicable su amor a la acuarela: “Empecé a estudiar pintura a través de la acuarela y realmente es bueno empezar por ahí: por el agua”. Por la calidad del trazo, la pincelada transparente y la rica composición, se lo compara con grandes maestros como el norteamericano John Marín. Nos deja obras tan bellas como los paisajes de Los Llanos de Cuivá, Rionegro, La Calle Barbacoas, Alrededores de Florencia, así como retratos, bodegones y sus Cartuchos y Siemprevivas. Allí despliega su visión poética: “La acuarela es agua, color, blanco, luz, emoción, razón, palabra... La acuarela es fascinante, impredecible como un viaje, como un viaje de placer.”
Óleo: pigmento misterioso
El óleo tiene para el maestro Aníbal Gil su propia poesía: “Sus pigmentos amalgamados con aceite y trementina tienen el refinado olor de un perfume, el brillo de sus colores nos fascina y manipularlos es una fiesta que nos encanta”. La condición es que nuestra sangre se amalgame en ese “pigmento misterioso”. Tal ocurre en obras como Asesinato de la Alcaldesa (Diana Cardona, la de Apartadó), Asesinato de Gloria Lara, otra vez El Atentado y La Huída, Hombre que Busca la Luz y magistrales retratos.
Murales, vitrales y esculturas
La reforma del viejo edificio del periódico El Colombiano causó la infame destrucción del mural Historia de la Prensa, tan lamentable para el arte colombiano como para el maestro. Así concibe un mural: “Para el pintor, un mural es como la continuación de sí mismo en un determinado espacio arquitectónico”. Obras como Ganadería, Agricultura y Minería (Banco Agrario), La Chapolera (edificio Colcafé), o el dedicado a la vida en el pabellón de neurocirugia del Hospital Universitario San Vicente de Paúl, son parte vital de la memoria urbana de Medellín.
“Dibujar es para mí romper el silencio, tejer una maraña de ilusiones sobre un fondo blanco”.
La tradición del vitral en Antioquia y Colombia casi se limitó a la reproducción de estampas religiosas. La costosa importación de materiales acentuó ese carácter. Es Aníbal Gil quien lleva la figura humana y elementos nuestros al campo del vitral como expresión personal. Así es su devoción por esta técnica: “Cuando apreciamos un vitral, miramos el sol. La penumbra de un vitral es un secreto silencioso”. Esa magia “que nos baña como una cascada”, está presente en Homenaje a Medellín (Edificio Coltabaco), Solidaridad (Suramericana), Paloma y Girasol, entre otras obras.
Maestro del dibujo, expresa: “Dibujar es para mí romper el silencio, tejer una maraña de ilusiones sobre un fondo blanco”. Sus esculturas en bronce, madera y hierro rebosan fuerza y volumen. “El tacto tiene un gran papel en la apreciación de la forma escultórica; nos acaricia, la acariciamos.” Bandada de Palomas y Cactus en Flor, son ejemplos significativos.
La obra del maestro siempre nos toca, nos mira y nos interroga, como su grabado titulado: “¿Quiere usted la paz?” .
 
 



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