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Es bien sabido que la mejor forma de garantizar que los
asuntos más complejos e importantes sean incluidos
en la agenda pública, es asignándoles responsables
con funciones, presupuesto y políticas, y asiento
en el más alto nivel del gobierno.
En el anterior Ministerio de Salud, el presidente de la
república y el ministro de salud eran los encargados
de la orientación y dirección del sistema
de salud, mientras en el Ministerio de la Protección
Social, la salud quedó relegada a cargo de un Viceministerio,
lo que implicó pérdida de representatividad.
En el Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS),
el Ministerio de Salud se dedicaba a la política,
la regulación y garantía de la salud, a través
del aseguramiento e intervenciones de salud pública,
pero esta orientación empequeñeció
al ministerio frente a entidades poderosas como las EPS,
y lo llevó a perder fuerza, concentración
y especialización, más aún después
con apenas un Viceministerio de Salud, por más capacidad
y buena voluntad que tuviera el viceministro.
El manejo dado a la salud en los últimos años
y la agudización de su crisis estructural, ha sido
la temática permanente en diversos escenarios de
debate, siendo como es la salud, lo más social
de lo social, un aspecto que requiere mayor atención
del gobierno si de verdad se quiere buscar salidas a su
crisis crónica.
El anuncio de una nueva cartera de Salud, separada de las
tareas del que será el Ministerio de Trabajo, implica
recuperar un ministerio especializado en salud, enfocado
en la conservación y recuperación de la salud
de los colombianos. Y esa no será tarea fácil,
más aún después del dramático
debilitamiento de la salud pública dentro del esquema
de la protección social, en el pálido ministerio
creado en 2002.
Entre los grandes retos del remozado Ministerio de Salud,
está el alcanzar la cobertura universal, para garantizar
el acceso de todos los colombianos a la atención
oportuna y de calidad en salud; prevenir y atender las enfermedades
de mayor incidencia en el país, descuidadas por la
caída de la vigilancia en salud pública, mucho
más desde la desaparición del Ministerio de
Salud; asegurar el financiamiento necesario que garantice
la sostenibilidad del sistema en el tiempo.
Otros retos no menos importantes, son desarrollar un efectivo
sistema de información que brinde herramientas ciertas
para el análisis, la evaluación y el manejo
de la situación de la salud en todo el territorio
nacional; fortalecer la inspección, vigilancia y
control dentro del sistema de salud, para blindarlo contra
las malas prácticas instauradas en los últimos
años y que lo convirtieron en uno de los sectores
más corruptos en el país; instaurar una política
de talento humano en salud que propenda por su reconocimiento,
especialización y adecuada retribución; reorganizar
las redes hospitalarias públicas, apoyando la gestión,
el logro de eficiencia y permanencia de cada institución.
Al decir de la Asociación de Hospitales y Clínicas,
se necesita un nuevo Ministerio de Salud con un moderno
organigrama, dedicado a los grandes retos y grandes problemas
de la salud, cuya función gubernamental pueda ser
medida por resultados.
De la misma manera, el timón a cargo del nuevo ministerio
debe ser una persona con la suficiente capacidad técnica
y voluntad política para enfrentar los viejos y nuevos
retos del sistema de salud; además, con el deseo
firme de recuperar la representatividad, el peso y la importancia
que debe tener dentro del Estado y la administración
pública del país, un Ministerio de Salud.
Asimismo, capaz de recuperar la figuración necesaria
en el concierto sanitario internacional.
En conclusión, se necesita un Ministerio de Salud
capaz de recuperar la rectoría, la capacidad técnica
y la representatividad, en suma el poder, para poder asumir
los enormes retos de una salud descuidada por falta de un
organismo fuerte de dirección.
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